
En Puerto Varas, un buen amigo afirma que
para ellos la crisis comenzó mucho antes, que son
cientos los puestos de trabajo perdidos por la
infección de los salmones.
Cerca de Santiago, algo al norte, otro
conocido se queja de que a su packing está
llegando cada vez menos fruta. ¿Por qué? Falta de
confianza, sostiene, sin dar mayor explicación.
En pleno centro de la ciudad, un
constructor bastante abatido mira la obra a punto
de entregar y profetiza que muchos de esos
trabajadores van a tener enormes dificultades en
las próximas semanas para lograr una nueva pega.
Los tres -y todos aunque todavía no
suframos directamente algún problema por la
crisis- hemos comenzado a tomar medidas macro y
microeconómicas (no en el sentido del léxico de
los entendidos, sino puramente referidas al monto
en pesos de lo que pueda estar afectado).
Bien, pero hay una dimensión mucho más
importante aún en la que ponerse las pilas: las
medidas macro y micromorales.
La macro moral. Que cada uno mire el
entorno laboral y famiiar en el que se está
moviendo y se pregunte al menos estas tres cosas,
busque respuestas éticamente exigentes y las
ponga en práctica.
¿Qué personas van a ser afectadas en sus
ingresos, en su estabilidad laboral y
eventualmente en su dignidad?
¿Qué se puede hacer para prevenir esos daños o al menos reducirlos?
¿Qué se debe hacer para ayudar a quienes
desgraciadamente no puedan evitar su quiebra, o
su despido, o su depresión o su cambio de nivel
de vida?
Y también, la micro moral, esa mirada
sincera y profunda -exigente- sobre los
hábitos personales de gasto, de consumo, de uso
de objetos, de trato con los bienes intangibles
(el tiempo), de administración de lo propio y de
lo ajeno.
Otra trilogía de preguntas auxiliará al inquieto.
¿En qué se puede ahorrar para prevenir y
qué habitos dispendiosos deben cortarse ya? ¿Qué
instrucciones hay que dar en la casa para que
esta crisis sirva a la formación de los más
jóvenes en la austeridad? ¿Qué comportamientos
personales de gran señor son una ofensa al que lo
está pasando muy mal?
Bueno, podría decir, el economista
econométrico, pero si todos se comportan así,
habrá recesión, nadie gastará nada, el consumo se
irá a los suelos, los stocks se pudrirán.
No se preocupen, nada hay más activante
que el ahorro y la donación, que la aportación
efectiva del que tiende la mano al que lo perdió
todo o cayó en desgracia. Nada activa más la
economía verdadera que la generosidad solidaria y
en pesos. Es redistributiva en la macro y en la
micro moral. Nos reubica en el para qué creamos
riqueza y la usamos.
Gonzalo Rojas Sánchez
miércoles, 8 de octubre de 2008
La oportunidad de la austeridad
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