lunes, 17 de noviembre de 2008

TEMA PREOCUPANTE



LA DIRECTORA DE LA OPS Y SUS FANTASMAS

Dejo para otra ocasión el tema del señor Obama, sus fans y sus problemas, para volver a un asunto que nos toca más de cerca. De en medio de tanta información confusa o vacía, declaraciones enfáticas, llegadas de artistas y funcionarios, fotos y promesas que rodearon a la reciente Cumbre de Presidentes y a la Convención de la Juventud, no me queda claro, de momento, a qué se ha comprometido nuestro gobierno con respecto a la educación de los jóvenes. Pero sí me llamó la atención la enfática declaración de la directora de la Oficina Panamericana de la Salud (OPS): “no veo fantasmas en salud reproductiva.”



Me congratula enormemente que dicha señora no vea fantasmas. Ver fantasmas, en general es signo grave de tener poco claros los límites entre la realidad y la fantasía e inclina a la necesidad de tratamiento psiquiátrico. Y para un puesto de tanta responsabilidad como el de esta respetable señora, es indudable que se requiere una menta firme, sana, realista y bien informada de todos los asuntos que caen bajo su responsabilidad.
Por lo tanto, esta señora debe saber muy bien en que consiste esta “salud sexual y reproductiva” tal como de nuevo nos propusieron en la pasada reunión cumbre. Es la misma que se viene introduciendo, más o menos desde 1960, a través de la internacional antinatalista, en todos los países que se lo permiten. Consiste en animar, directa o indirectamente, a que los jóvenes de ambos sexos, desde temprana edad, practiquen la fornicación, pero no “así no más”, sino debidamente protegida –¡sexo seguro!- por anticonceptivos hormonales y condones.
Ocurre que El Salvador es un país mayoritariamente cristiano. Es sabido, según declaraciones del PNUD, que el desarrollo económico y moral de un pueblo supone respetar su propia cultura. Y resulta que para todo cristiano, que merezca el nombre de tal, la fornicación –relaciones sexuales fuera del matrimonio- es un pecado grave contra Dios. O sea, que ese tipo de instrucción en el “sexo seguro” propone a los jóvenes un grave conflicto de conciencia contra los valores más importantes que defiende su cultura. Además no sólo no es verdadera educación sexual, que supondría robustecer una serie de virtudes (castidad, continencia, sinceridad, fortaleza moral, etc.) según el concepto más avanzado y más beneficioso en este asunto -la educación de la afectividad-, sino que supone animar a la corrupción moral de los adolescentes todavía inocentes o legitimar la corrupción en los ya corruptos, declarando que si es “sexo seguro”, pasa a ser un derecho, al cual no pueden oponerse ni siquiera los papás de esos jóvenes.
Dejando a un lado las complicaciones ético-religiosas del asunto, también tiene que saber –sería imperdonable que lo ignorara- que en todos los países donde se ha extendido ese tipo de “salud sexual y reproductiva”, también se han extendido los males que dice combatir: las infecciones de transmisión sexual, el Sida, los embarazos no queridos y los abortos.
Es experiencia de siglos que la fornicación no es ni un bien social, ni un derecho. Si se practica desde muy joven engancha tanto como una droga, es vicio del que es muy difícil salir, porque debilita la voluntad, oscurece el criterio moral, inclina a la pereza y en muchos casos se decanta en delincuencia juvenil, alcoholismo, drogas. No es extraño que crezcan, a escala mundial, y en edades cada vez más bajas, los suicidios entre ese tipo de jóvenes “liberados”.
O sea que desde el mero punto de vista de Higiene y Sanidad Públicas, esa “salud sexual y reproductiva” no educa en nada sino que es una verdadera calamidad personal, pública y mundial, como ha quedado plasmado en estadísticas irrefutables y en las publicaciones científicas.
También tiene que saber la dignísima directora de la OPS, que ONUSIDA admitió hace años el éxito que Uganda, y algunos otros países africanos, han tenido con una verdadera educación sexual de la juventud, proponiendo la abstinencia sexual para los solteros y la fidelidad conyugal para los emparejados. Y que también en EE.UU., los programas que educan en la castidad juvenil obtiene resultados, también en cifras, mucho mejores que los que promueven los anticonceptivos.
Sabido y comprobado todo lo anterior, me sorprende por tanto que según la información aparecida (DHoy, 1-11-o8, pág. 8) la directora de la OPS aboge “por el derecho a la educación sexual y reproductiva de los jóvenes con un incremento de la consejería juvenil en los servicios de salud.” Y siento decirle que ella –que no ve fantasmas- y otros muchos funcionarios que están en su misma línea, están queriendo que nosotros sí veamos bellos fantasmas de rosados colores, pero la realidad, la cruda realidad de esa salud reproductiva que proponen, es mucho más fea que los lindos eufemismos con que pretenden esconderla.

Luis Fernández Cuervo luchofcuervo@gmail.com







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