jueves, 14 de mayo de 2009

PRAT, CHILENO UNIVERSAL


GONZALO ROJAS

El libro de Gonzalo Vial sobre Arturo
Prat alcanza en su parágrafo "Las últimas horas"
acentos de especial intimidad.
El historiador -siempre debe ser así-
entra con audacia en el alma de su biografiado,
la escruta y procura develar sus pliegues. Para
eso, por cierto, necesita dos cosas: los
documentos adecuados y su propia sensibilidad.
Efectivamente, ante todo Vial cita a
Uribe y a Zegers. El primero recordaba que en el
héroe "nada, absolutamente nada, traicionaba en
él la tremenda responsabilidad queS gravitaba
sobre sus hombros de gigante", mientras que el
segundo afirmaba que "en su rostro no se veía
sino la serenidad, el buen tino, junto con el
deseo de morir con honra antes de rendirse."
Hasta ahí los documentos.
Entonces, la sensibilidad de maestro que
tiene Vial le permite concluir que "el héroe pasó
estas horas finales de su vida en la perfecta
tranquilidad de espíritu que siempre le había
acompañado."


Arturo Prat, un hombre responsable,
sereno, atinado, digno, espiritualmente
equilibrado, virtudes todas que ha cultivado
desde su primera juventud, dentro de la Armada,
en la abogacía, con su familia y con sus amigos.
¿Ejemplo para todo hombre de mar de
nuestra Patria? Por cierto, y en especial para
todo cadete naval: tremenda novedad.
Pero que no se vaya a privar a Prat de su
virtualidad ejemplar para todo chileno, que no se
vaya a circunscribir su memoria y su sacrificio a
un solo ámbito. Por cierto ya ha habido intentos
vanos de desfigurarlo y de envilecerlo, pero más
delicado aún sería sólo "navalizarlo", quitándole
esa dimensión universal que su vida tiene para el
chileno de todos los tiempos.
Son justamente esas virtudes antes
referidas las que le dan universalidad a Prat,
porque todos comandamos nuestras Esmeraldas y
enfrentamos nuestros Huáscares; porque a todos
nos pueden faltar esas características del héroe
y, en vez de pasar a la historia, aunque sea en
cosa poca, quedar varados en cualquier charco,
por claudicaciones y cobardías.

Gonzalo Rojas Sánchez

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