martes, 7 de octubre de 2008

DISCURSO DE HOMENAJE Y RECUERDO DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973



Estimados amigos:

Se cumplen hoy 35 años de la gesta libertaria de Septiembre del 73, donde muchos de los aquí presentes tuvimos la honra de cerrar filas junto a nuestros mandos para contribuir a la segunda liberación de nuestra Patria. Oportunidad en que - impelidos por el amor a Chile y el clamor de un pueblo agobiado - abandonamos nuestros cuarteles para enfrentar al invasor ideológico, derrotándolo sin discusión en el campo de batalla.



Nos encontramos al día de hoy con nuestros cuatro grandes Comandantes ya fallecidos, siendo hacia ellos nuestro primer y sentido homenaje, en el que agradecemos al Supremo Hacedor por habernos permitido contar con su sabia conducción en los momentos en que Chile más lo necesitaba. Su trascendencia histórica jamás podrá ser amagada por la mezquina venganza de los enemigos de la Patria y – por el contrario – sabemos con certeza que el juicio de los tiempos reconocerá el valor de su gestión, ratificándolos en el sitial que se merecen.

Nuestro segundo homenaje se dirige a nuestras FF.AA. y de Orden, cuerpos disciplinados y jerarquizados que - con absoluta fidelidad a la Bandera Patria - siguieron lealmente a sus mandos para vencer a un enemigo artero y cobarde y para posteriormente entregarse a la larga y agotadora tarea de restablecer las bases de una nueva institucionalidad que reemplazaría a aquella que fuera destruida por la aventura socialista.

Cuando el paso de los años comienza a diluir los detalles de lo vivido y sumerge en la tibieza del olvido los recuerdos más preciados, quisiera invitarlos a revisar el significado de la gesta desde la perspectiva de sus diferentes actores, con el doble propósito de fijarlos profundamente en nuestras mentes para blindarlos contra la penetración psicopolítica de que somos objeto y también para entender las razones de la inagotable odiosidad y los fundamentos de la estrategia enemiga en desarrollo.

Veamos en primer lugar el significado de esta fecha para quienes rechazábamos la imposición del modelo revolucionario marxista, para lo cual podemos señalar que aquel día martes 11 cambió el destino de la Patria asegurando su sobrevivencia como Nación y generando la primera expectativa concreta para alcanzar el desarrollo económico y el bienestar que ella se merece. Sin demagogia, sin mentiras y con hechos concretos, el Gobierno Militar fue transformando las estructuras fundamentales del país hasta dotarlo de una organización general profesional y seria, de una economía sana y potente y de una administración del estado pequeña y eficiente. Todo ello, acompañado de una paz sólida, amparada por el respeto impuesto a nuestros adversarios históricos.

Para nuestros enemigos internos, el pronunciamiento militar del día 11 marcó una derrota escandalosa, toda vez que en pocas horas y sin que se materializara la resistencia prometida a todo nivel, fue derrumbada la utopía del sueño socialista, hasta ese día exhibida por el mundo socialista como un ejemplo inédito de la forma de llegar al poder sin tener que recurrir a la violencia.

La derrota alcanzó por ello repercusiones mucho más allá de nuestras fronteras, afectando los intereses de la Unión Soviética y de Cuba al desincentivar por largo tiempo toda posibilidad de repetir el camino electoral para hacerse del poder, postergándolo hasta muchos años después, cuando apareció el llamado “eurosocialismo”.

A la derrota militar inicial, se suma para nuestros enemigos la frustración e impotencia producida por su incapacidad de derrocar al Gobierno Militar por la vía armada y por medio de la resistencia popular. Ello, a pesar de los enormes recursos económicos recibidos desde el exterior y de la formación y entrenamiento militar entregado a sus cuadros revolucionarios. Esta incapacidad para utilizar dichos recursos constituye otra de las fuentes de humillación para los líderes marxistas de la época y confirma el por qué no gustan de hablar sobre ello.

Como si lo anteriormente dicho fuera poco, los revolucionarios del vino tinto y la empanada, debieron enfrentar un nuevo golpe a su orgullo, al verse obligados a aceptar que el Gobierno Militar planificara la entrega del poder por propia decisión y acatara la voluntad popular expresada a través del voto. No bastando con ello, les imponen un traspaso del gobierno realizado en una forma impecable, ordenada y seria, jamás vista en Chile y absolutamente inesperada por el mundo.

De todos estos hechos nace entonces la razón para el odio casi genético que motiva la persecución de que hoy somos objeto y su perfecta sincronía con la campaña judicial y comunicacional que el enemigo conduce a nivel nacional, continental y mundial.

Independientemente de la interpretación que se dé al movimiento militar de 1973, nadie podrá discutir que éste finalmente:

a) Generó un cambio radical en la forma de vida de nuestro país, ofreciendo oportunidades que de otra forma jamás habrían llegado a ser posibles.
b) Impidió la concreción de un sueño utópico y desnaturalizado que - junto con destruir las aspiraciones de su población - habría transformado a Chile en una base de expansión ideológica y revolucionaria para América del Sur.
c) Remeció las bases del marxismo internacional, pudiendo incluso ser considerado como una de las causas lejanas de la destrucción final de su ideario, plasmado en la caída del Muro de Berlín.

Este debe ser el fundamento de nuestro orgullo y el alimento de nuestra fe en el futuro de Chile, revitalizándolo cada vez que podamos para que no sea diluido por la dialéctica marxista que buscará siempre despojarlo de su verdadero valor.

La acción de estos “renovados” marxistas, constituye para nosotros una nueva paradoja, tal como aquella que antaño nos enfrentó a la sorprendente realidad de encontrar en 1970 a los enemigos de la Seguridad Nacional, instalados en el Gobierno. Hoy, con la Seguridad Nacional abocada exclusivamente a las amenazas externas, no hay quien pueda denunciar los riesgos que esta manipulación psicopolítica representa para la integridad del Estado de Chile. Quienes la llevan a cabo, demuestran haber aprendido la lección, pasando de la vociferación arrogante de los 70´s a la sutileza sugerida por las enseñanzas de Antonio Gramsci, ideólogo comunista italiano fallecido en 1937 y de quien me permito citar algunas de sus frases más ilustrativas:

“Para imponer un cambio ideológico es necesario comenzar por modificar el modo de pensar de la sociedad civil a través de pequeños cambios realizados en todos los campos de la cultura. Para ello, es necesario adueñarse de organismos e instituciones en donde se desarrollan los valores y parámetros culturales: tales como los medios de comunicación, las universidades, escuelas, enseñanza secundaria y las artes. Hacia allí hay que apuntar, con paciencia, con el paso del tiempo, educando a las nuevas generaciones desde su niñez”.

Continúa diciendo:… “después de cumplido este proceso a lo largo de los años, la consecución del poder político cae por su propio peso, sin revoluciones armadas, sin resistencias ni contrarrevoluciones, sin necesidad de imponer el Nuevo Orden por la fuerza, ya que el mismo tendrá consenso general”.

Como muestra de su cinismo, señala que: “para lograr el desprestigio de la clase hegemónica, de la Iglesia, del Ejército, de los intelectuales, de los profesores, etc. habrá incluso que enarbolar las banderas de las libertades burguesas, de la democracia, usándolas como brechas para penetrar en la sociedad civil. Habrá que presentarse maquiavélicamente como defensor de esas libertades democráticas, pero sabiendo muy bien que se las considera tan solo como un instrumento para la marxistización general del sentido común del pueblo".

Finalmente plantea que: “se ha ganado una gran batalla cuando se logra la defección de un intelectual, cuando se conquista a un teólogo traidor, a un militar traidor, a un profesor traidor…” “No será necesario que estos convertidos se declaren marxistas; lo importante es que ya no son enemigos, son potables para la nueva cosmovisión”.

Si relacionamos los conceptos vertidos por este ideólogo comunista con los pasos que se han dado en nuestro país en los últimos años, nos encontramos con una pavorosa simetría que indica un serio peligro para nuestra Patria, sin que nadie pareciera haberlo percibido y menos rechazado.

Pensemos por un momento en la penetración ideológica lograda por el marxismo en los últimos 40 años en la Iglesia Católica. Recordemos tan solo a Leonardo Boff, con su Teología de la Liberación, a movimientos como los Cristianos por el Socialismo, la Izquierda Cristiana, los curas Miristas, etc., donde conviven principios inconciliables entre sí. Agreguemos a ello las votaciones habidas en el Congreso, donde declarados católicos de comunión semanal no trepidan en votar en contra de sus propios dogmas de fe.

Para qué hablar del arrinconamiento a que son sometidas nuestras instituciones de armas, lo que se agrava con algunas poco afortunadas actuaciones y declaraciones que – a la luz de la doctrina Gramsciana - nos sugieren tratarse de actos inducidos por el marxismo y ejecutados con una ingenuidad increíble.

Veamos en nuestros días lo que pasa con la demonización de los hombres de armas, con su denodada e interminable persecución judicial y comunicacional destinada a lograr su indigno encarcelamiento y el rechazo de la comunidad.

Agreguemos a ello la grosera deformación de los símbolos patrios y la perversa “humanización” y degradación creciente de la imagen de nuestros héroes, apuntada a minar la identidad nacional y el orgullo patrio.

Igual efecto persigue la degeneración progresiva de los parámetros que rigen la educación de nuestros niños, donde junto con haber eliminado la formación en los valores cívicos, se desvirtúa a los personajes históricos, sustituyéndolos por héroes tan falsos como un Salvador Allende o un Víctor Jara.

Definitivamente, no solo los avances logrados con la acción de 1973 se ven amenazados hoy en día por esta acción política soterrada y maliciosa, si no que también están en riesgo las bases de la institucionalidad futura de Chile, al ir dejando gradualmente fuera de combate a las fuerzas que podrían oponerse a su estrategia de dominio. Lo más triste, es que ante tamaña agresión, ni siquiera se ven visos de reacción o al menos de algún interés en contener su expansión y consolidación.

Como corolario, vemos hoy que los mismos revolucionarios que la Doctrina de Seguridad Nacional de ayer definía como enemigos internos, hoy dominan nuevamente el escenario y avanzan metódicamente en su plan para la instalación del Nuevo Orden. Tal como lo dijo Gramsci, sin prisas y con todo el tiempo del mundo, aceptando incluso que se puedan ver obligados a ceder el próximo gobierno a la Oposición, pero con la confianza puesta en que finalmente llegarán a la meta, al no haber quien pueda realmente impedírselo.

Contribuye a su confianza, la desidia irresponsable de quienes debieran velar por los intereses de la Nación y enfrentarse a ellos en el campo político, siendo que ni siquiera se molestan en distraer un minuto de sus elevadas funciones para intentar comprender la dimensión de la amenaza que se cierne sobre Chile. Entretanto y para goce de los marxistas, siguen desgastándose en estúpidos conflictos internos, donde se refleja su egoísmo y su falta de vocación de servicio.

Un de las causas fundamentales de la superioridad que ejerce el enemigo en el campo político es su notoria ventaja ideológica, la cual fue fortalecida en forma nítida a partir del momento en que se apropiaron de la bandera de la economía de mercado, restándole a sus enemigos su principal herramienta de diferenciación. Desde allí en adelante, disfrazados de “democráticos” y “progresistas”, los marxistas han logrado encubrir perfectamente sus intenciones y ofrecen a los ingenuos una alternativa de gobierno más “cercana” y menos “totalitaria” que las de sus oponentes, en una contradicción vital que pocos han tenido el valor de denunciar.

Querámoslo o no, la ideología marxista se ha impuesto sobre la debilidad conceptual que se observa en la contraparte, la cual - a partir de su desligamiento del Gobierno Militar y del asesinato de Jaime Guzmán – ha ido perdiendo su fortaleza ideológica, al quedar desprovista de una causa y también de un ideólogo capaz de sentar las bases doctrinarias requeridas para enfrentar a esta nueva cara del marxismo, condición que lo llevó a ser ultimado por aquellos que previeron la potencial peligrosidad que encerraba para sus propósitos.

En síntesis, podemos decir que para enfrentar al enemigo de hoy, se requiere contar con una ideología fuerte, contundente y concordante con las aspiraciones de nuestra sociedad, idealmente superior a los liderazgos personales, a fin de asegurar su trascendencia en el tiempo. En subsidio de ella o como complemento a la misma, se requiere desarrollar formas de liderazgo honesto, desinteresado, franco y sencillo, como aquellas a que nos acostumbramos en el pasado y que hoy añoramos en medio de las penosas debilidades que observamos.

Si ello no llega de una u otra forma y en un tiempo prudente, nuestro destino podría llegar a ser muchísimo más oscuro que el que teníamos en 1973, obligándonos a seguir soportando la hegemonía de la izquierda por un muy largo tiempo, viendo como nuestro país desperdicia la oportunidad de llegar a ser una gran nación.

Por conocer la teoría del conflicto y su administración y encontrándonos unidos indisolublemente a la Patria por el compromiso sagrado a su bandera, somos quizás de los pocos que aún podemos hacer algo para seguir defendiéndola, tal como hiciéramos ayer. Hoy no tendremos a nuestros grandes Comandantes, no contaremos con la posibilidad de recurrir a nuestras Instituciones y el apoyo del mundo civil se limita a unos pocos y leales amigos. Es por ello que no nos queda otro camino que comenzar a luchar solos, alertando a nuestros ciudadanos de lo que está aconteciendo y haciéndolos despertar de su letargo para invitarlos a unírsenos en una nueva batalla.

El conocimiento oportuno de lo que el enemigo trata de hacer nos otorga una ventaja invaluable: la de saber “por qué” luchar, mientras el “para qué” forma ya parte integral de nuestras vidas.

El escenario estratégico en que se dará esta lucha muestra algunos cambios significativos respecto de la situación que dejamos a la entrega del gobierno. En primer lugar, observamos que el enemigo desarrolla su aproximación estratégica a la batalla de una manera mucho menos perceptible, amparada en el modelo gramsciano para no inquietar a quienes deben velar por la integridad del Estado.

En segundo lugar, observamos que los responsables directos de la seguridad del Estado, han sido hábilmente desplazados fuera del ámbito interno por la modificación constitucional impuesta en el gobierno de Lagos, circunscribiendo sus posibilidades solo a las amenazas externas.

Por último, los órganos de control superior de la Seguridad Nacional han sido desnaturalizados tanto en su composición como en su función, con lo que los controladores de poder político cuentan con amplias facilidades para introducir cambios substanciales a nuestra institucionalidad.

Ante ello cabe preguntarse que salida le queda a nuestra Patria, desprovista de los resguardos que le brindaba la Constitución del 80. Pareciera que la solución al problema queda limitada exclusivamente a lo que pueda hacer la sociedad civil, de la que hoy formamos parte.

Pero, ¿está la sociedad civil preocupada por el problema o al menos en condiciones de entender lo que ocurre verdaderamente? Todo indica que la bonanza económica de que han disfrutado nuestros conciudadanos y la acción desquiciadora de los neorrevolucionarios ha debilitado sus espíritus, reemplazando el interés por el bien común por un individualismo creciente, donde ya solo importa lo que afecta a cada uno, siendo el resto harina de otro costal.

La situación internacional - que debería servir de alerta para la sociedad chilena - es observada en forma displicente, como sintiendo que lo que ocurre afuera nunca va a llegar aquí, por que somos “diferentes” y “mejores”….Una vez más, pareciera que seremos testigos de como un ciclo histórico iniciado en el exterior, termina llegando tarde o temprano a Chile, sin que hayamos tenido la capacidad de anticiparnos.

En esas condiciones y sin poder confiar en los actores políticos actuales ¿qué podemos hacer nosotros para cumplir el desafío planteado?

Sin contar con el concurso de las armas, nos veremos obligados a sustituirlas por la pluma y el verbo, empleándolos para remecer la conciencia dormida de quienes nos rodean, alertándolos sobre los planes del enemigo, con persistencia y tenacidad y liberándonos de la vergüenza clásica que nos ha producido siempre hablar de política.

Para ello, debemos salir de nuestro típico inmovilismo y no dejar pasar reunión social, contacto con amigos, clientes, proveedores, etc., sin poner el tema en el tapete y sin dejar sembrada la semilla en el interlocutor. ¿Alguno de los presentes tiene dudas acerca de lo exitoso que este método ha resultado para nuestros enemigos? ¿Qué nos impide utilizarlo entonces?

Si cada uno de nosotros se compromete consigo mismo a no ceder espacio a la acción marxista y de sus aliados, tenga por seguro que habrá varios metros cuadrados menos bajo su dominio. Pero si nos quedamos callados y quietos, el espacio que ocupamos estará disponible para el enemigo.

Se dice por ahí que para que los hombres malos ganen tan solo se requiere que los hombres buenos no hagan nada. De eso exactamente se trata este mensaje. De invitarlos a terminar con nuestra pasividad para comenzar a defender lo que es nuestro. Con fe, con coraje y con la total confianza en que lo que hicimos fue lo correcto y que la Historia verdadera es la que nosotros vivimos, no aquella que mañosamente se ha estado imponiendo en nuestra tierra y en el mundo, generando un manto de falsedad que a muchos apabulla y a otros hasta hace sentir vergüenza.

No es posible ni aceptable que dejemos que ello ocurra. Tenemos que ser orgullosos de lo que hicimos y luchar para que los logros se mantengan en el tiempo, sin aceptar la basura corrupta que hoy intenta humillarnos y haciendo reaccionar a quienes decían ser nuestros y que hoy se mantienen alejados, mientras disfrutan de una relativa estabilidad y bienestar gracias al legado de nuestro gobierno militar.

Unámonos en una cadena interminable de difusión de la verdad histórica y de denuncia de las verdaderas intenciones del enemigo. Nada incomodará mas a los marxistas que el sentirse vigilados y acusados de cada paso que intenten dar fuera de la ley. Difundamos nuestras ideas a todo nivel. Usemos Internet para transmitir nuestro mensaje de alerta. Exijamos el respeto a nuestros símbolos patrios. Defendamos con fuerza a nuestros camaradas presos. No aceptemos maniobras ideológicas en los colegios de nuestros hijos. Hagamos todo lo necesario, para contribuir a formar una base de opinión pública que sea capaz de gravitar en el concierto político nacional.

Solo así podremos evitar la imposición de un modelo ajeno a nuestra idiosincrasia y que - al servicio de una ideología fracasada en su primer intento - hoy trata de revivir una añeja dictadura del proletariado, disfrazándola de democracia.

En una fecha como hoy, junto con rendir tributo a nuestros Grandes Comandantes, a nuestras Instituciones Armadas y a nuestros leales amigos Civiles, seamos una vez más los patriotas que Chile necesita, comprometiendo nuestras voluntades para seguir luchando por el futuro de nuestros hijos y nietos.

Termino mis palabras con un pensamiento que recoge el sentido de este homenaje:

“Quien lucha puede perder, quien no lucha, ya perdió”.



Puerto Montt, 11 de Septiembre de 2008

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