
Obama, presidente
DIFÍCIL RIESGO, PESADA TAREA
Todavía no se han apagado la euforia y la esperanza que el triunfo del Senador Barak Obama ha despertado en su país y en gente de muchas otras naciones del mundo. Hay celebraciones de cierta lógica, la de aquellos que se alegran de que sea un negro, como ellos, el que ha conquistado la presidencia. Hay otras que muestran una alegría superficial y ocasional, como la de los pescadores japoneses de una pequeña ciudad, por que esa ciudad también se llama “Obama”. Se alegran también los que promueven entre nosotros un cambio regresivo, que nada tiene que ver con el de U.S.A. Y no faltan tampoco los que se lo toman a chacota, al estilo cubano: -¿Obama, chico? Pue’ con él, o vamo’ a ganá’, o vamo’ a perdé’; ¡o vamo’ a vé’ que pasa!
Yo, no; no me lo tomo a broma. Tampoco me produce euforia. Ni rechazo total. La reacción de expectación y simpatía en los Medios mundiales y en Hispanoamérica, algo me recuerda a la que despertó el triunfo de John F. Kennedy. También él fue novedoso: primer presidente católico. También de aspecto juvenil, ambicioso, optimista, muy liberal y buen orador. Pero fue culpa de Kennedy el fracaso en bahía Cochinos y que con ello se afirmara la revolución castrista. Kennedy nunca comprendió bien lo que ocurría en el continente, desde México para abajo.
Lo que si creo es que Obama va a enfrentar una tarea muy dura, muy pesada, con decisiones difíciles, riesgosas, donde los aciertos pueden ser modestos pero donde los errores pueden ser catastróficos. Obama dijo en su discurso final: “mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas –dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.Y aunque señaló que el camino sería largo y la subida empinada, dudo que pueda darse cuenta todavía de la magnitud y las dificultades de la tarea que le espera. Además, por buena que sea su intención, Obama tiene un criterio de un liberalismo ético desacertado que puede ser decisivo en empeorar, más que en solucionar, los graves problemas de decadencia moral que afectan a EE.UU. y, por ello, también afectan a casi todo el mundo.
Mis lectores ya conocen mis críticas a muchas de las políticas nefastas que llegan a nuestro país procedentes de personas y organismos con sede en los Estados Unidos. Hoy no quiero escribir de eso. En cambio quiero destacar algunas de las buenas enseñanzas que se desprenden de las actitudes finales de Obama y de McCain y que bien podríamos aplicárnoslas aquí, en El Salvador.
Es encomiable las mutuas felicitaciones entre el vencedor y el perdedor y las mutuas llamadas a la unidad en lo esencial, al trabajo en común cuando se trata de lo que afecta profundamente a todos los ciudadanos, a ese llegar a los acuerdos importantes consensuados. Obama dijo en Chicago:”Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia, la libertad del individuo y la unidad nacional. Esos son valores que todos compartimos.” (…) “Y a aquellos estadounidenses, cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito su ayuda. Y seré su presidente también.” Y McCain, después de felicitar a Obama por su triunfo, pidió a todos los estadounidenses que le apoyaron: “no solo unirse a mí para felicitarlo, sino también ofrecerle a nuestro próximo presidente nuestra voluntad y máximo esfuerzo para encontrar caminos que logren cumplir los compromisos necesarios, que tiendan puentes entre nuestras diferencias, que ayuden a restaurar nuestra prosperidad, defender nuestra seguridad en un mundo peligroso y que dejen a nuestros hijos y a nuestros nietos un país más fuerte y mejor que el que nosotros heredamos.”
Para los que admiran o para los que odian la hegemonía actual de los Estados Unidos, en las frases finales de ambos contendientes aparece algo del espíritu y las virtudes que han hecho grande a ese país. Obama señaló: “Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya logramos nos da esperanza sobre lo que podemos y tenemos que lograr mañana.” Y McCain insistió: “Los estadounidenses nunca huimos, Nosotros nunca nos rendimos. Nosotros nunca nos escondemos de la historia, nosotros hacemos la historia.”
Así es. Aprendamos la lección. El triunfo es de los valientes, de los que se esfuerzan, de los que trabajan con ilusión sin desesperarse, de los que aman. No es de los que se quejan haciendo poco, o nada. Menos aún de los que insultan, odian, dividen y destruyen.
Luis Fernández Cuervo luchofcuervo@gmail.com
sábado, 8 de noviembre de 2008
DIFICIL RIESGO, PESADA TAREA
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