miércoles, 27 de mayo de 2009

HISTORIA DE LAS BANDAS MILITARES EN CHILE


Introducción
Es bastante común la creencia de que la música militar, reduce sus ámbitos a la breve geografía de las marchas. Las marchas son, sin duda, hermosas y emotivas expresiones de la música guerrera. Pocos espectáculos penetran tan fuertemente en la sensibilidad humana, como el de una unidad militar desfilando, encabezada por una banda de guerra, y especialmente una banda instrumental.

El primer desfile, y a nuestros abuelos y antepasados, les temblaría la voz al recordar a aquellos soldados que se alistaban y engrosaban filas para defender el honor de nuestra patria. La música militar podría definirse, como una combinación armónica y rítmica de sonidos, destinados a despertar en el alma, vibraciones patrióticas y sentimientos guerreros y, a estimular la disciplina del cuerpo.

Hay antecedentes de que Alejandro Magno, se comunicaba por medio de instrumentos musicales con sus unidades, hasta una distancia de 2 kms. El gran estratega creó un código, del que son descendientes los actuales toques de corneta. Casi tan antigua como la música transmisora de órdenes es la himnodia patriótica y guerrera. El himno, que ha acompañado muchas veces a los soldados a lo largo de la historia, es una composición musical destinado a honrar a un país, a un instituto o a una persona, a celebrar una victoria, o bien a conmemorar una efeméride gloriosa.


Desde el primer canto bélico, el de Débora, que profetizo a los israelitas la victoria de Borrach contra Sisara, en el año 1281 A.C., hasta Lily Marlene que entonaban los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial, hay una larga lista de paginas musicales de este tipo ligadas a las guerras. Así cada día cobraba más importancia la música, como elemento estimulante para el combate.

Desde mediados del siglo XVIII, la música militar se ve influida por las innovaciones de Federico II el Grande. A partir de esta fecha, se aumenta el número de ejecutantes en las formaciones musicales militares en España, y mas tarde se incorporan a las bandas instrumentos no habituales procedentes de las orquestas, tales como los trombones y fagotes, los serpentones y tubas.

ORIGEN DE LAS BANDAS MILITARES CHILENAS
Según los historiadores, el primer instrumento musical foráneo que fue ejecutado y escuchado en nuestro suelo, fue la corneta de órdenes de Don Juan Hermoso de Tejeda, trompetero del descubridor de Chile, Don Diego de Almagro. Por ello resulta injusto, al referirse a la música tradicional, no considerar en ella a la proveniente de las bandas militares y a la música que ellas crearon, y aun crean, como aporte al patrimonio musical del país.

En el siglo XVII, existían en Chile seis trompeta y veintiún tambores para usos militares. En el siglo XVIII, el número se reducía a cinco trompetas, diecisiete tambores, y cinco pífanos. La primera banda militar chilena, aunque pequeña, fue organizada en el período de la llamada Patria Vieja, compuesta por músicos de la Catedral de Santiago, y dirigida por el clarinetista inglés Don Guillermo Carter. Esta banda fue agregada al Regimiento “Granaderos” de la época. Aplausos de los criollos de esos años arrancaba a su paso por las calles de Santiago, cuyos sones patrióticos terminaron con la reconquista española, siendo reemplazada por la banda del Regimiento de “Los Talaveras”, que en su tabladillo de la Plaza de Armas, ofrecía retretas con canciones españolas.

O’Higgins y San Martín, que en Mendoza organizaban el Ejército Libertador, incorporaron dos bandas a dicho Ejército, la del Batallón N° 8, dirigida por Matías Sarmiento, y la del Batallón N° 11, integrada por negros y criollos argentinos.

Samuel Claro Valdés, en su libro “Oyendo a Chile”, refiriéndose a esta banda cuenta que la base de ella fue un conjunto de 16 esclavos que Don Rafael Vargas, vecino de Mendoza, envió a Buenos Aires para instruirlos en música. Además encargó a Europa un instrumental completo de manera que, a los pocos años, regreso a Mendoza una excelente banda de profesores que amenizaban las fiestas particulares y cívicas de la ciudad. Cuando San Martín, declaró la Libertad de los esclavos, Rafael Vargas, le entregó a sus músicos e instrumentos. Fueron éstos quienes tocaron las llamadas de combate y los pasos de carga que en Chacabuco y Maipú, enardecieron el arrojo de las tropas del Ejército Libertador.

Consolidada la Independencia, y designado el Capitán General Don Bernardo O´Higgins Riquelme, Director Supremo de la Nación, éste decretó la creación de una “Academia de Músicos Militares”, dotada de 50 jóvenes, bajo la dirección del Teniente Antonio Martínez, siendo su segundo, Don Guillermo Carter, el clarinetista que dirigió la primera banda militar chilena.

Se formaron dos bandas, una de 26 instrumentos dirigida por Don Raimundo Martínez, y otra de 33 dirigida por Don Guillermo Carter. Por vía marítima a bordo de barcos provenientes de Londres, Boston y Liverpool, llegaron los tambores, las trompetas, y los pífanos para ellas. Mil pesos de la época fueron destinados a la adquisición de los instrumentos y música militar, aumentándose con el botín de guerra de la Batalla de Maipú.

Transcurrieron los años, y el Ministro Don Diego Portales, dio un nuevo auge al desarrollo de las bandas militares, designando a Don José Zapiola, como Director de las Bandas Cívicas, quien junto a Don José Bernardo Alcedo, y Don Francisco Oliva, organizaron definitivamente las bandas militares chilenas.

Se recuerda que el 20 de Agosto de 1839, O’Higgins, en el exilio en la ciudad de Lima, recibió el esquinazo del Batallón “Colchagua”, con un himno recién escrito por Don José Zapiola, en honor al triunfo de Yungay.

En más de 180 años de historia de las bandas militares chilenas, directores, compositores y músicos, han contribuido con su tesón y esfuerzo, a dar prestigio y renombre a los aires marciales del país, pues siendo éstos, folklore universal, adquiere la idiosincrasia de nuestro pueblo, en los himnos escritos por chilenos respecto a sus vivencias.

Son parte del folklore musical nacional, las marchas e himnos que hablan de Chile y su gente, en títulos pasados y presentes como: “El Himno de Yungay”; “Gloria, Victoria”; “Adiós al Séptimo de Línea”; “Los Viejos Estandartes”, etc.

El 26 de Abril del año 1929, por iniciativa del Presidente el General Don Carlos Ibañez del Campo, se comisionó el Director de Bandas Militares, Capitán Juan Casanova Vicuña para que, en representación del Ejército, cooperara a la organización de la Escuela de Músicos. Como Subdirectores se desempeñaron el Teniente Guillermo Meyer, y el maestro Alejandro Muñoz. En 1938, el Teniente Jovino Chacón Ramírez, fue nombrado Subdirector de Bandas Militares, y posteriormente en el año 1955, Director. Anteriormente, el año 1936, se contrato al ciudadano italiano Don Francisco Piccione Blasi, como ayudante de bandas, el cual se desempeño como profesor de ramos técnicos: teoría, armonía e instrumentación. En 1949, asumió como Subdirector de Bandas Militares.

El 06 de Agosto de 1929, fue promulgado el reglamento y plan de estudio de la Escuela de Músicos de Bandas. En dicho reglamento se estableció que el objetivo de la Escuela, era la formación de instrumentistas competentes para renovar al personal de bandas del Ejército, y que su Director, sería el Director del Conservatorio Nacional de Música.

Se fijaron los siguientes requisitos de ingreso: 13 años cumplidos, y no más de 18 años de edad; tener buen oído musical; tener tercer año de primaria rendido; buenas condiciones físicas, conductuales y, de preferencia, ser hijo o descendiente de músicos de bandas. Los que ingresaban debían comprometerse a permanecer tres años más en el Ejército. Después de los tres años de estudio, los mejores alumnos podían continuar su preparación en el mismo Conservatorio para desempeñarse, posteriormente, como Directores de Bandas, y los demás, pasaban a llenar las vacantes de diferentes unidades.

El año escolar, se iniciaba el 1° de Marzo, y terminaba el 15 de Febrero del Año siguiente. Los tres primeros meses se dedicaban a la experimentación vocacional, con el objeto de determinar el instrumento que a cada alumno le correspondería emplear. El plan de estudio comprendía una variada gama de instrumentos de viento, instrumentos de percusión, clases de teoría, solfeo, caligrafía musical, e historia de la música.

Es necesario señalar que en los principios de siglo, ya el gobierno chileno había contratado los servicios profesionales de Don Juan Betteo, ciudadano italiano, como maestro de bandas de infantería; y Don Federico Stöber ciudadano alemán, como maestro de las bandas de caballería.

Posteriormente, se hizo necesario coordinar todo lo relacionado con las Bandas Militares, uniformando la instrucción del personal, distribuyéndolos en las diferentes Unidades, y dotando a estas de instrumentos adecuados y en forma oportuna.

Se creó así, el Servicio de Bandas Militares, aprobándose su Reglamento Orgánico y de Funcionamiento el 10 de Diciembre de 1940. El Servicio pasó a depender de la Dirección de los Servicios del Ejército.

La mejor dirección del Servicio, facilitó los ascensos del personal meritorio y la mejor distribución de sus medios. Por la imposibilidad de la Escuela, de dar abasto para dotar a las unidades de los Músicos necesarios, en 1941 se creo un “Curso de Aspirantes a Músicos” con carácter transitorio, que funciono desde el 1° de Octubre de 1941, hasta el 30 de Agosto de 1942, en el cuartel de la Escuela de Aplicación de Ingenieros Militares. Este curso se programó para 30 conscriptos seleccionados entre Unidades de las Guarniciones de Santiago y San Bernardo.

Los alumnos estaban sujetos a la dirección de la mencionada Escuela, en lo referente a la administración, y la disciplina. La elaboración y control de los planes del programa musical correspondiente, estaban a cargo del Director de Bandas Militares, Mayor Juan Casanova Vicuña, (Decreto de la Subsecretaria de Guerra N° 151, de fecha 03 de Septiembre de 1941, Boletín Oficial del Ejército N° 36, de fecha 04 de Septiembre de 1941).

Actualmente los músicos se forman en la Escuela de Suboficiales del Ejército. Durante un año aprenden los secretos de la música, en materias como solfeo, teoría, e historia y estética de la música, biografías de los grandes músicos, etc. A este período de un año se le denominó “Curso Especial de Aspirantes a Clases Músicos”. Paralelamente continúan con su vida militar efectuando instrucción, guardias, servicios, y campañas.

Sin embargo, muchos de los integrantes de las bandas no ingresaban a la Escuela de Suboficiales, sino que se formaban por vocación y gusto por la música, a su buen oído, y al enorme deseo de integrar una banda que, cuando pequeños en mas de una oportunidad vieron pasar por las calles de la ciudad, o bien, que los conocimientos musicales fueron adquiridos por la enseñanza de sus padres o abuelos, que pertenecieron a bandas municipales.

En 1982, el Servicio de Bandas, fue reestructurado en toda su orgánica, pasando a denominarse “Jefatura del Servicio de Bandas del Ejército”; su Escalafón es el N° 22 “Bandas”; y clasifico las Bandas en:

- Una Banda “Especial”, (Banda de Conciertos del Ejército), con dotación de 61 músicos.

- Dos Bandas Tipo “A”, con dotación d 50 músicos.

- Ocho Bandas Tipo “B”, con dotación de 35 músicos.

- Diez Bandas Tipo “C”, con dotación de 30 músicos.

- Seis Bandas Tipo “D”, con dotación de 25 músicos.

La Jefatura del Servicio de Bandas del Ejército, celebra su día de Aniversario el 22 de Noviembre “Día de Santa Cecilia”, Patrona Universal de la Música


INFLUENCIA DE LA MÚSICA INDIGENA EN CHILE

ORIGEN
La música indígena nace de las creencias religiosas que tenían estos pueblos. La música formaba parte de la animación que se les brindaba a las danzas religiosas y que tenían como objetivo adorar a sus dioses como Eponamon, Pillán, que era como el Jefe de todos los dioses; o para celebrar cualquier hecho, como podía ser el triunfo de una batalla o una nueva alianza para ir a la guerra.

PERÍODO
Las tradiciones mapuches se encuentran con vida desde tiempos antaños hasta 1541 con la llegada de los españoles. Posterior a su llegada y al cristianismo, éstos se ven algo influidos por los españoles como fue por ejemplo la adoración a la virgen.

CONFORMACIÓN DE LAS BANDAS
Prácticamente la música instrumental en conjuntos y solos, usando una caña del tipo trompa-trompeta sin curvar, llamada “trutruca”, un timbal-tambor muy primitivo denominado “cultrung”, y una guimbarda-birimbao que ellos llamaban “trompe”. Emplean, asimismo, elementales pífanos, cuernos, silbatos y conchas percutantes y otros ejemplares de rudimentaria organografía.

ATUENDOS DE LOS CONJUTOS MUSICALES
La vestimenta: los hombres vestían con el llamado “poncho”, especie de sayo o capote sin mangas y con una abertura por donde se saca la cabeza. Las mujeres usaban el “choni” o túnica que les cubría todo el cuerpo, adornándose con pulseras de plata, collares, plumas y desmesurados pendientes.

INFLUENCIA INDIGENA EN LA MÚSICA MILITAR CHILENA
El Ejército chileno nunca presentó influencia de la música mapuche. Con la llegada de los españoles, los mapuches siguen sus ritos musicales sin mezclarlos, por cuanto los españoles poseían sus propias bandas, las cuales sí influenciaron nuestro Ejército.

AUTORES, LETRA Y MÚSICA PREDOMINANTE
Autores de la música mapuche no se conocen por estar constituida por toques que no siguen una regla definida, pero sí se pueden definir bien, en cambio, sus aires vocales en cantos para mujeres: “lamekan”, y cantos para hombres: “Gneneulun”, y que se refieren a escenas de la vida social, los trabajos, las fiestas triviales, cantos familiares y cantos de guerra (toques más rápidos y enérgicos), y usándolos muchas veces con danzas características.

INFLUENCIA DE LA MÚSICA ESPAÑOLA EN CHILE

ORIGEN
Se ha definido a los españoles del siglo XVI, en su aspecto emocional, como un pueblo alegre, gozador de la vida, expansivo y aficionado a toda suerte de espectáculos; un pueblo, en suma, que necesitaba celebrar con alborozo y estruendo sus fiestas y exhibiciones publicas. Al pasar al nuevo mundo, los conquistadores llevaron consigo estas disponibilidades y del tesoro de sus efusiones líricas, los artistas profanos, clavecinistas, y vihuelas, trajeron la música artística; la gente de la iglesia introdujo la música adscrita al culto cristiano; los hidalgos, sin perjuicio de preferir aquello y oír ésta es sus oficios, importaron la música de salón.

PERÍODO

Del 1541 al 1810.

COMPOSICION DE LAS BANDAS
Estas estarían al mando de un tambor mayor, el cual debería ser un sujeto de buena traza, airoso manejo, honradez, firmeza, y suma destreza en los toques de guerra, con genial inclinación a este ejercicio.

Con respecto a los individuos de las bandas, según las ordenanzas deberían cumplir los siguientes requisitos: “sin vicio indecoroso ni extracción infame, como mulato, gitano, verdugo, carnicero, o castigado; con nota vil por la justicia”. También señalan las ordenanzas: “para clarinete y tambores podrán reclutarse muchachas que no bajen de la edad de 10 años, pero cuando llegasen a la edad 16 años, se les preguntará si quieren continuar en el real servicio”.

ATUENDOS DE LAS BANDAS
Cabe señalar que el atuendo de las bandas estaba íntimamente relacionado con el uniforme de su respectivo regimiento. Es así como mediante la ordenanza de 1777, presidida por Carlos III, el año siguiente fija la distribución de las unidades y los uniformes, tanto para los cuerpos veteranos como para la milicia. Estos uniformes siguen el padrón común en Europa y son reflejo de la moda francesa que en esos momentos reinaba en España.

INFLUENCIA ESPAÑOLA EN LA MÚSICA MILITAR CHILENA
La influencia española se va acrecentando desde la llegada de éstos en 1541, en sus cantos para motivar a la tropa, en sus marchas y en los momentos de esparcimiento y tiempos libres.

Los toques y marchas más representativas del Ejército español y su influencia en Chile en los siglos XVII al XIX, fueron:

Toque de asamblea: Que tenía por finalidad la de reunir a la tropa nombrada de servicio, para que tome las armas y luego formar; para batir tiendas, atalajar el ganado, etc. En este caso, debe tratarse de un toque especial de asambleas, no común a todas las tropas. Es la “asamblea de los guardias españoles”, que era interpretada por dos pífanos sin tambor.

Toque de diana: Es el toque que marca el comienzo de la jornada militar dando por terminado el descanso nocturno de la tropa.

Toque de vaqueta: Marcaba la ejecución de la pena de mismo nombre, que fue un castigo infamante vigente en el Ejército español hasta el año 1821 (era interpretado por un pífano sólo).

Toque de orden: Era un toque destinado a convocar a aquellas personas entre las cuales haya de distribuirse (era interpretado por un pífano sólo).

Toque de llamada: Era el toque de corneta o clarín que sirve para concentrar o reunir las tropas en orden cerrado, en un punto designado o en la formación que se indique. En otros tiempos sirvió también para avisar a los soldados cuándo iban a cerrarse las puertas de una plaza o cuartel.

Toque de oración: Es el que marca el fin de la jornada militar. Se hacía sonar al escucharse un toque de campana de una iglesia más próxima al cuartel o el lugar que estuviese acampada una unidad.

Toque de alto: Es el toque por el que se hacía cesar el fuego o la marcha de una tropa.

Toque de misa: Es el que convoca al Santo Sacrificio.

Toque calacuerda: Es el toque de ataque o de carga a la bayoneta hacia el enemigo. El ataque que comenzaba marchando las tropas a paso ordinario, marcado por los tambores. Poco a poco, el ritmo se iba acelerando, al llegar a una distancia muy próxima al enemigo las bandas tocaban “paso de ataque” y se emprendía la búsqueda del choque.

Toque de generala: Cuando toda la infantería que estuviese sirviendo en un mismo paraje, sea guarnición, cuartel o campo tuviese que tomar las armas para la marcha, revista, ejercicio o cualquiera otra función.

Toque de Bandera o tropa: Dicen las ordenanzas de la época, tendrá su uso después de la asamblea, cuando las compañías hayan de salir de sus tiendas al campo, en la guarnición cuartel, del puesto de unión de cada una, para formar el batallón. Cuando se rompiese cualquier formación en que la tropa se hallase para arrimar las armas. Cuando los tambores con el destacamento de granaderos acompañen las banderas para llevárselas al batallón retirarlas.

Toque de retirada: Es el toque que ordena la recogida de las tropas en sus cuarteles. Se dice en las ordenanzas de la época que servirá a la hora que en campaña señale el General, en la guarnición el Gobernador, en cuartel el Comandante de él, para retirarse a sus tiendas o cuarteles los soldados que aún no se hubieren retirado, como asimismo, para que la tropa que haya marchado adelante dé media vuelta a la derecha y la ejecute en retirada.

Fagina: Tiene su origen en un elemento de fortificación que era un haz de remaje. Por eso dicen las ordenanzas que sonará “cuando la tropa vaya a hacerla y marche a otros trabajos semejantes”, y luego añaden: “y cuando se retire de alguna función, llevando sus armas con culatas arriba”.

INFLUENCIA DE LA MÚSICA FRANCESA EN CHILE

ORIGEN
Desde 1765 las tertulias de los salones santiaguinos se vieron animadas por el clavicordio y por el piano desde 1800, el violín y la flauta se reunieron a los instrumentos anteriores para tocar los minuetos y el cotillón (ambos bailes franceses).

Numerosos son los franceses que intervinieron en las guerras de la Independencia.

PERÍODO Del 1765 al 1890.

CONFORMACIÓN DE LAS BANDAS
Al principio de la guerra de la independencia, se introdujeron las primeras bandas militares. En 1818 la exaltación patriótica se demostraba en muchas ciudades con canciones alusivas “a nuestra feliz libertad civil”.

El Ejército de los Andes tuvo dos bandas, la del Batallón N° 8, dirigida por Matías Sarmiento, y la del Batallón N° 11, integradas por negros africanos y por criollos argentinos. Esta misma banda tocaron las llamadas de combate y los pasos de carga que, en Chacabuco y Maipú, enardecieron el arrojo de las tropas del Ejército Libertador y también de Bernardo O’Higgins como Director Supremo de Chile; esta banda poseía instrumentos, la cual se componía de instrumentos de percusión como el tambor, e instrumentos de viento como la flauta y pitos. En la Batalla de Maipú, cuyo botín de guerra fueron dos redobles, dos panderetas, dos clarinetes, una medialuna, una trompa, una corneta, y un fagot.

Diego Portales, gran aficionado a la música, dio nuevo auge al desarrollo de las bandas militares, para lo cuál nombró a José Zapiola, como director de las bandas cívicas.

ATUENDO DE LAS BANDAS
Como primer dato histórico encontramos que en el Batallón N°11, perteneciente al Ejército de los Andes, existía una banda integrada por negros africanos y por criollos argentinos uniformados a la turca, cuyo color predominante era el pardo rojizo. Dicha banda tenía, entre tantos himnos, la marcha de la Guillotina, muy semejante a La Marsellesa. Con el paso del tiempo cada banda ocupó los uniformes de la unidad a que pertenecía.

INFLUENCIA FRANCESA EN LA MÚSICA MILITAR CHILENA
El motivo principal de la influencia francesa en nuestra música militar fue la revolución Francesa, que con sus ideas de libertad, igualdad y fraternidad, fueron imitadas por nuestros Padres de la Patria. Cabe señalar las victorias del Ejército de Napoleón Bonaparte, junto con su banda compuesta por 42 músicos, que constaba de instrumentos de madera, viento y percusión, fueron modelo para las bandas militares en Europa y América.

AUTORES E HIMNOS PREDOMINANTES
Maestros franceses en nuestro país fueron Jules Barre, Radú, y Julien. Actualmente se tocan sonatas tradicionales y marchas en nuestro Ejército, como “Adiós al Séptimo de Línea” (Gumercindo Ipinza), “Canción del Yungay” (José Zapiola), “Tambores y Clarines”, y “Clarines de le Branch”.

INFLUENCIA DE LA MÚSICA ALEMANA EN CHILE

ORIGEN
La Guerra del Pacífico dejó en evidencia la falta de uniformidad, de doctrina y criterio en el Ejército. Era notable la falta de una instrucción sólida, acabada y definitiva.

Motivado por estas razones, en 1886 se trajo al Capitán prusiano en retiro don Emilio Körner, quien fue el iniciador de nuestra reforma militar y cuya labor inteligente y tesonera dio benéficos resultados de positivo valor hasta hoy día en el Ejército.

Con la llegada del Capitán Körner, se modificó la estructura de las bandas en relación a uniforme, cantidad de músicos y marchas.

En cuanto al uniforme se adoptó el prusiano, a detallarse más adelante. En cuanto a la cantidad de músicos, va variando de acuerdo al tipo de banda. Las marchas fueron copia fiel de marchas alemanas con su característica agresividad y energía, a diferencia de las marchas francesas más suaves y más melódicas.




PERÍODO Desde 1886, hasta nuestros tiempos.

CONFORMACIÓN DE LAS BANDAS

En un principio, la Escuela Militar contaba con una banda de pitos y tambores compuesta por clases y un tambor mayor. La Banda Instrumental estaba dotada de músicos que se contrataban entre los integrantes de bandas municipales y, entre aquellos, jóvenes generalmente de asilos o casas de huérfanos.

En 1909, se realizó una primera experiencia centralizada al respecto, creándose la Escuela de Músicos que dependía de la inspección de establecimientos de instrucción militar, y que funcionaba anexa a la casa de huérfanos de Santiago.

ATUENDO DE LAS BANDAS
Instrumentos: dentro de la banda de guerra se deben distinguir dos instrumentos principales: los pitos y los tambores.

Dentro de la Banda Instrumental se distinguían los siguientes instrumentos: clarinetes, saxofones, oboes, fagotes, flautas, trompetas, trombones, bombo, y tambor redoblante. El Schellenbaum (o chinesco), no es propiamente un instrumento musical, pero es característico de las bandas germanas.

El vestuario se conformaba de la siguiente manera: guerrera azul prusia, casco prusiano con penacho rojo, botines, mochila con correaje blanco (para los integrantes de la banda de guerra), fornitura y hombreras.


INFLUENCIA ALEMANA EN LA MÚSICA MILITAR CHILENA
En 1883, el Coronel Sotomayor propuso que se contrataran instructores de Europa para modificar nuestra doctrina. Los alemanes habían dado recientes demostraciones de la efectividad de su táctica e instrucción de su tropa, para lo cual, países europeos y americanos, trataron de adquirir instructores alemanes para modificar su Ejército.

Chile fue uno de estos países, desde ese momento se modificaron desde las formaciones hasta los uniformes, pasando esta reforma también por la música, quedando de lado la influencia francesa.

AUTORES E HIMNOS PREDOMINANTES
Se señalan algunas de las tantas marchas alemanas introducidas por Körner a nuestro Ejército:

- Gloria Prusiana, música y letra Piefke.

- Brigada Azul, música y letra Josef Krahl.

- Yo tenía un camarada, música de Uhland, letra de Gilcher.

- Los Nibelungos, música y letra de R. Wagner.

- Lily Marlene, música y letra de Schutze y Heip.

- Mi fusil y yo, música y letra Paul Hiuche.

- Radetzky, música J. Strauss, letra Vater.

Radetzky, es una marcha de Johann Strauss (Padre), que enlaza para siempre el triunfo de las Águilas de la Viena Imperial, con el invicto destino de las Cien Águilas. Fue compuesta en honor a la victoria que al mando del Mariscal Radetzky obtuvo el Ejército Imperial austriaco en la Batalla de Custoza (norte de Italia), en el año 1848. La situación política imperante, sin embargo, hizo que por honrado a la monarquía con su obra, el autor debiera salir de Viena intempestivamente.

Pero el mérito artístico siempre sobrevive. Radetzky fue instituida por el Emperador Guillermo I de Alemania como marcha de parada del Regimiento de la Guardia de Berlín, junto con ser designado el Emperador austriaco Francisco José como Comandante Honorario de la Unidad.

Radetzky en Chile: En 1896, se desempeñaba como Ayudante del Subdirector de la Escuela Militar el Capitán Gunther Von Bellow, quién había servido en el glorioso Regimiento de la Guardia Berlinés, y había desfilado, por lo tanto, a los sones de la inspiración creada por Strauss. El fue quién sugirió que Radetzky fuera la marcha de combate de la Escuela Militar, idea acogida con beneplácito por el Director de la época, el Coronel Vicente del Solar.

Mayores informaciones:
Teléfono: (56-2) 6834378
E-mail.: goloboe@gmail.com

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