lunes, 13 de septiembre de 2010

CONMEMORACIÓN DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973


Sr. Brigadier Mayor de Cien Águilas Subrogante Avanzada Sangra, Brigadier Juan Carlos Brintrup
Barrera.
Sr. Brigadier Mayor de Águilas Blancas, Dn. Víctor Robles
Amigos del Círculo de Ex Carabineros de Chile.
Connavegantes de Caleuche Capitanía Puerto Montt
Estimados amigos civiles que adhieren a esta nueva conmemoración del 11 de Septiembre de 1973
Amigos todos.
Creo innecesario volver la vista atrás para pormenorizar los penosos hechos y circunstancias que
desencadenaron en nuestro país el pronunciamiento militar del 11 de Septiembre de 1973.
Todos los aquí presentes con mayor o menor protagonismo, con mayor o menor conciencia de lo que
entonces ocurrió, de lo que vivimos y padecimos, conocemos y recordamos la deblaque política,
económica y social en que una parte importante de la clase política de la época sumió a este país.
Somos los artífices y herederos de una época de nuestra historia, compleja, de grandes avances en
prácticamente todos los ámbitos del desarrollo nacional que se constituyeron en los pilares
fundamentales de la institucionalidad que rige el devenir de nuestro país incluyendo su nuevo
ordenamiento constitucional, sin desconocer que en algunos casos se han generado instancias de
positivo perfeccionamiento y en otros, se ha retrocedido por razones más ideológicas que técnicas.
El clamor nacional, las declaraciones de inconstitucionalidad del gobierno por el poder legislativo,
las señales, prudencia y oportunidad de la intervención de las FF.AA. aquel 11 de Septiembre,
constituyen el renacer de una nación literalmente en ruinas, políticamente no creíble tanto nacional
como internacionalmente, económicamente quebrada y socialmente al borde de una guerra civil.
La intervención de las FF.AA. fue necesaria - a nadie le cabe duda; ¿debía durar 17 años? - mirado
desde la perspectiva de hoy podríamos encontrar entre nosotros diversas posturas y opiniones.
¿Hubo excesos?
No se puede tapar el sol con un dedo. Como en toda empresa humana se cometieron errores, no
podemos desconocer que hubo excesos y que hubo quienes interpretaron literal o antojadizamente
las ordenes y cometieron actos que se apartaban de las reglas básicas de combate y de la realidad de
guerra interna que se vivía, cuyas consecuencias debemos lamentar hoy.
No pretendo caer en la retórica de analizar quien tiene o no tiene la razón. Lo cierto es que muchos
camaradas de armas están siendo enjuiciados, algunos justa y otros injustamente, algunos con debido
proceso, los menos y otros enfrentan situaciones judiciales complejas donde la aplicación antojadiza
e interpretación de la ley inevitablemente ha generado un manto razonable de duda en torno a la
ecuanimidad de la justicia en este país, al menos en los casos que nos preocupan.
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Hoy, conmemoramos el día de la liberación nacional del 11 de septiembre de 1973, una fecha
histórica, llena de emociones, de jubilo, para la gran mayoría de compatriotas fue un nuevo renacer,
constituyó la esperanza por un mejor porvenir, como pocas veces en la historia de este país, los
chilenos sensatos e incluso de diferente pensamiento político se pusieron al frente de la misma
carreta y trabajaron unidos para levantar una nación en ruinas. Sin embargo, muy poco se recuerda y
reconoce de esos primeros años y del Gobierno Militar en su conjunto, porque en el proceso, se fue
fraguando una nueva vía al socialismo, una nueva revolución cultural y valórica para alcanzar el
poder, ya no por la fuerza o por las armas, pero que sin perder el norte ideológico marxista arremetió
silenciosa, perversa y con más eficacia y rapidez en la conciencia del pueblo y me atrevo a afirmar
que fuimos nosotros mismos quienes, sin darnos cuenta o quizá sin querer darnos cuenta permitimos
que aquello ocurriera desatando en la sociedad un dramático cambio de orden social, valórico y
finalmente político.
Es por esa razón que en esta oportunidad quiero abrir el debate, no sobre nuestros camaradas
procesados, un tema que a muchos preocupa y apasiona porque detrás hay antiguos mandos, quizá
compañeros de curso, gente muy cercana en lo institucional, amigos o simplemente camaradas de
armas.
Hoy he querido reflexionar sobre un tema del cual poco se conoce, del cual poco se habla pero que
en el diario vivir sí lo percibimos, lo cuestionamos aún cuando le echamos la culpa al cambio de los
tiempos, a la modernidad, a la globalización e incluso hasta hemos aprendido a convivir y en algunos
casos nos acomoda identificarnos con el nuevo ordenamiento social que se ha instalado no sólo en
nuestro país sino a nivel global.
Para quienes no se hayan familiarizado con esta estrategia o no se han dado cuenta como opera, tiene
su origen en el intelecto de uno de los fundadores del partido comunista italiano, el filosofo,
periodista, psicólogo y parlamentario Antonio Gramsci, quien en 1927 es apresado y condenado a 20
años de cárcel por actividad conspirativa en contra de Benito Mussolini, instigación a la guerra civil,
apología e incitación al odio de clase. Preso, escribe y sistematiza en los denominados “cuadernos de
la cárcel” una nueva forma de alcanzar el poder e instaurar la ideología maxista.
Gramsci sostenía que ninguna ideología podía imponerse por la fuerza ya que por esa vía sólo se
encontraría una reacción o una respuesta de similares características. Define a la “sociedad civil”
como aquella realidad donde se forma la sociedad colectiva, se organiza el convencimiento y la
adhesión de las clases populares. En ella no se concibe la existencia sin que esté presente una
sociedad política, entendida como el Estado Gobierno, es decir el aparato gubernamental que
funciona con leyes y aparatos de control social, control de medios de comunicación de masas, de la
educación, de la jerarquía eclesiástica y en general, sobre la ideología que reproduce y que conviene
al sistema capitalista.
La teoría o pensamiento Gramsciano apunta a imponer un cambio ideológico, desarrollando en la
gente el “sentido común” o el más común de los sentidos, la razón, modificando el modo de pensar
de la sociedad de manera que ésta pudiera ver la vida y sus valores desde una nueva perspectiva;
Gramsci sostiene que el poder se conquista mediante un proceso de concientización pasivo e
indirecto a través del mundo de la cultura, de la educación y de la tergiversación de los valores
naturales del ser humano desde la niñez. Logrado lo anterior, la conquista del poder político, según
Gramsci, constituye un mero trámite.


En nuestro país este proceso ya iniciado en otras partes del mundo en los años 50, ha sido silencioso,
la estrategia no se promueve, incluso se niega su existencia y práctica porque la negación como
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descalificación permite también alcanzar el efecto deseado. En Chile, la primera señal de la
aplicación de este pensamiento se advierte en los primeros años del gobierno de la U.P., a través del
proyecto de reforma al sistema educativo con la idea de crear la Escuela Nacional Unificada (ENU)
iniciativa que formaba parte de la denominada “Nueva Vía Chilena para el Socialismo” que
pretendía crear un Hombre Nuevo por medio de un sistema educacional que priorizaba la igualdad
por sobre el individualismo propio de la sociedad capitalista.
Sería la presión ejercida por la Iglesia Católica y las protestas masivas que movilizaron a los
estudiantes de la época, lo que permitió que la U.P. abandonara temporalmente el proyecto.
No obstante lo anterior, será en la década de los 80, cuando el proceso comienza a sistematizarse
mediante la influencia que ejercerán los intelectuales y políticos repatriados del exilio, apoyados por
gobiernos y ONG’s que ejercen presión internacional sobre el Gobierno Militar.
Serán estos intelectuales y políticos, ahora investidos de cursos de grado y post grado en diversas
áreas, pero particularmente en este pensamiento filosófico e ideológico quienes se abocarán
promover e instalar el gramscismo.
La tarea propuesta es silenciosa, metódica, académica y se promueve en todas las estructuras
sociales capaces de influir en la sociedad civil, el gramscimo inicia su proceso de penetración ya no
por las capas superiores de la sociedad sino por abajo, en los niños y jóvenes que ni siquiera habían
nacido o por su corta edad no se dieron cuenta, no tuvieron conciencia de lo ocurrido entre los años
65 y 80. Hoy después de casi 30 años de influencia, pareciera que la tarea se ha cumplido
eficientemente, cambiando la forma de pensar, de vivir y de ver la vida de una gran masa de chilenos
y lo más probable de muchos de nosotros, arrastrados por la presión y realidad que viven nuestros
hijos e influenciados paralelamente por la maquinaria global.
Cuántas veces nos hemos cuestionado “esto antes no era así”, que distinta es esta juventud a la de mi
época, ¿cómo es posible que se acepte como normal el matrimonio entre homosexuales? Dónde
quedaron el respeto social, las buenas costumbres, el pudor, el valor de la familia por nombrar
algunos.
Pues bien para el Sr. Gramsci los principales obstáculos para la aplicación de su teoría eran
justamente la Iglesia Católica y la Familia, la primera por su contenido doctrinario, el carácter
transversal de influencia y por darle sentido tanto a la vida como a la muerte y la segunda por el
grado de influencia que la familia ejerce en los niños en sus primeros 5 años de vida, lo que dificulta
el proceso de la educación de los nuevos hábitos y valores que se plantean. Por lo tanto y para
franquear estos obstáculos había que desprestigiar a la Iglesia Católica, descalificando su doctrina y
a la jerarquía eclesiástica y había que destruir a la familia presentándola como una institución
retrograda, incapaz de formar y educar, para lo cual los niños deben separarse de sus padres lo más
tempranamente posible para someterlos a un proceso de educación masiva sin intervención de los
padres.
El Ejército mirado como las FF.AA., los intelectuales, los políticos y los educadores también debían
ser desprestigiados y para ello y por el bien de la causa, había que utilizar la bandera y bondades de
la democracia.
No se, si dicho lo anterior a alguien le cabe alguna duda respecto a como se infiltró al mundo
eclesiástico con sacerdotes muy ilustrados de marcado tinte político socialista y marxista, como se
ha intentado desprestigiar la figura del pontificado, como se ha contaminado la estructura de la
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iglesia con organizaciones sociales y de defensa de los derechos humanos, como se ha efectuado una
caza de brujas de sacerdotes con desviaciones sexuales, acaso no los hay en abogacía, en la
medicina, en el mundo de la cultura, de la política, de la educación, incluso del mundo militar,
coincidencia o no, tengan o no más notoriedad pública, resulta curioso que la mayoría de los
desviados estén concentrados en el sacerdocio.
Cabe alguna duda que la sociedad de hoy le ha arrebatado tempranamente los niños a la familia, que
se han creado los jardines infantiles que reciben niños con apenas meses de nacido, jornadas
escolares completas e incluso extendidas con educadores de dudosa preparación profesional, donde
reciben una formación contravalorica basada justamente en procesos que promueven la rebeldía, el
libertinaje, la sexualidad temprana, la existencia de derechos sin deberes y obligaciones, la
desobediencia a la autoridad, en fin la lista podría seguir. Gramsci afirma que es el Estado el que
debe concebirse como "educador" precisamente en cuanto tiende a crear un nuevo tipo de
civilización.
Los seguidores de Gramsci lograron introducir lenta, progresiva y eficazmente un pensamiento, una
teoría, una estrategia que ya forma parte de nuestra realidad, de nuestro diario vivir y todos, cual más
cual menos, hemos asimilado y aceptado como normal lo que antaño nos parecía evidentemente
inaceptable o aberrante y viceversa.
Véanlo en sus casas, con el uso del Internet, la televisión, la vestimenta de nuestros hijos, el
comportamiento de los jóvenes y de algunos ya no tan jóvenes en público, en reuniones sociales, en
la calle, en el bus, en el colegio, en el trabajo. A muchos de nosotros nos habrá llamado la atención
algunos de los cambios que nuestras Escuelas Matrices han experimentado; Los cambios
introducidos se adecuan a las necesidades institucionales o más bien las instituciones se han
adecuado al medio; de inmediato saltan las preguntas. Lo nuevos oficiales son “cabros” troperos,
conocen a su gente, están con su gente o son oficiales preocupados de si mismos, de su propio
bienestar, están al servicio de… o son funcionarios de …... A la edad que ingresan, pueden ser
formados en los valores y tradiciones militares que han sido el fundamento y la base de los triunfos y
logros de nuestras instituciones.
Cómo se generó tanta odiosidad, tanta división en la década del 80 como se perdió el plebiscito del
88, como tuvimos 20 años de Gobierno de la Concertación. Seremos capaces de evitar su regreso.
Véanlo en el libertinaje que se observa en muchas conductas humanas, en la pérdida de valores
fundamentales, la desaparición de la enseñanza de la historia patria y de las tradiciones
fundamentales de los textos escolares, la denotación pública más aberrante de nuestros héroes y
próceres, en la entrega de material pornográfico vía internet a los estudiantes so pretexto de tratarse
de material de educación sexual.
Que decir de los medios de comunicación, hoy dirigidos y operados por gente criada, educada y
formada en esta línea ideológica, que minuto a minuto está reafirmando el mensaje antivalórico, la
autoridad exagera, dicen, las aberraciones de la iglesia y no de un miembro de la iglesia, los pobres
mapuches en huelga de hambre y un gobierno que no adopta las medidas para evitar que se produzca
un desenlace fatal o el periodista que para cubrir los aprovechamientos o delitos de algún ex
miembro de gobiernos de la concertación todavía no trepida en minimizarlo, justificarlo o bajarle el
perfil comparándolo con algún hecho proveniente de la época del gobierno militar. Pequeños gestos,
pequeños anti, van generando el cambio. Miente miente, niega niega que algo queda.
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Estimados amigos, este enemigo esta suelto en la sociedad y lo peor del caso es que está en todo el
espectro, no es atribuible a los de la derecha, del centro o de la izquierda y a través de las nuevas
generaciones ya ideologizadas, también se ha instalado en nuestras instituciones, está en el ambiente.
Revertir este proceso es tremendamente complejo porque ya está en el consciente, en el sentido
común de las nuevas generaciones que lo traspasarán a las que vengan.
Nos enfrentamos a una sociedad política que le falta valentía, decisión y voluntad política para
enfrentar los evidentes desvíos sociales. La puerta rotatoria sigue girando, las leyes pueden ser
modificadas por el solo expediente de una huelga de hambre o de una protesta estudiantil, el
terrorista que asesino al Senador Jaime Guzmán podría ser extraditado si se legisla para rebajar las
penas a las cuales ha sido condenado en Chile, un Ministro de Defensa explicita la posibilidad de
devolver al Perú el Monitor Huáscar, a un ex Presidente le parece adecuado la entrega de parte del
territorio nacional para solucionar los diferendos limítrofes pendientes, total que más da es solo un
pedazo de tierra, la ley antiterrorista hay que modificarla para que unos cuantos chilenos (mapuches)
desistan de la huelga de hambre - quizá eso debieran hacer nuestros militares encarcelados, para
lograr adecuados procesos.
La enseñanza que al menos a mí me queda de todo esto y de la permanente diferencia que hemos
tenido con nuestros adversarios ideológicos, es que ellos han sido coherentes, consecuentes con su
causa y con los suyos y no los han dejado en el camino, han sido consecuentes y leales con su líder y
le han erigido una estatua en su honor. Han honrado a sus caídos y le han construido un memorial y
un museo, han defendido pública y judicialmente a sus combatientes y seguidores sin claudicaciones
y han conseguido de la clase política que los apoya, conformar cuanta comisión de reparación se les
ha ocurrido y han logrado la promulgación de las leyes e instancias de reparación e indulto que han
querido; han financiado y utilizado el aparato del estado y los medio de comunicación para
desprestigiar, denostar, perseguir y mantener viva la causa socialista marxista y han apoyado y
creado, al amparo del Comunismo Internacional, todas las instancias de Derecho Humanos,
tribunales, tratados y organismo internacionales que han permitido apoyar, proteger y defender a sus
combatientes, dirigentes y adeptos, poniendo de paso inteligentes barreras para evitar que las causas
por derechos humanos puedan ser revisadas exclusivamente al amparo de la legislación chilena. En
suma en el conciente de nuestra sociedad civil y de nuestros niños y jóvenes, ellos fueron y son los
buenos y los nuestros los malos, entonces me asiste la interrogante………….
Qué hicieron o que han hecho aquellos que un 11 de septiembre de 1973 apoyaron con tanto ímpetu
la decisión de intervención de las FF.AA. Dónde está el apoyo económico, los abogados, las
publicaciones, los memoriales y museos, las comisiones de reparación para las viudas de los
soldados caídos en emboscadas, enfrentamientos o por acción de bombas, dónde están las demandas
contra todos aquellos que promovieron, incitaron y participaron en actos de sedición y por coartar y
silenciar los derechos humanos de nuestros militares.
No puedo y no podemos desconocer que en el proceso se cometieron excesos, abusos,
equivocaciones y también mucho aprovechamiento. Siempre he creído y podríamos tener diferencias
de opinión, que esta defensa no es una tarea que corresponda a nuestras instituciones pero sí a
quienes adhirieron a la causa de la liberación nacional y ostentan el poder económico y de las
comunicaciones que hoy, habiendo recuperado su poder, velan por su propio bienestar. También la
tarea corresponde a quienes fuimos parte de las Instituciones armadas, sin embargo y aún teniendo
toda la voluntad del mundo, nos encontramos con una serie de limitaciones.
Que mejor ejemplo que todos los escritos, reflexiones, referencias, dichos, declaraciones y cuanto
documento vemos circular por nuestros correos electrónicos o en las publicaciones de
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organizaciones y círculos de ex oficiales y suboficiales de las FF.AA. que sólo contribuyen a
exacerbar nuestra rabia y frustración porque digámoslo con claridad, no tenemos la presencia que se
requiere para lograr resultados concretos; nos realimentamos entre nosotros mismos. No tenemos ni
apoyamos como se debiera a la agrupación de viudas o padres de caídos como consecuencia del
terrorismo, yo al menos nunca he escuchado un vocero, una vocera referirse públicamente al tema.
Por nuestra formación somos, junto a nuestras familias y familiares, una gran masa de votantes
cautivos de la derecha política y por lo mismo sólo constituimos un segmento de la sociedad, aunque
numeroso e importante, de poca o ninguna preocupación para el Estado Gobierno, del cual
esperaríamos algún apoyo por la causa que nos preocupa. Es más lo más probable es que estas
páginas terminen en un cajón y sirvan algún día de referencia para otro discurso.
Siendo objetivo, no es mucho lo que podemos hacer para contrarrestar lo que ya es parte de la razón,
del sentido común; haría falta una contradoctrina, una contrateoría, un contrapensamiento que se
pudiese aplicar a las nuevas generaciones pero aquello implicaría utilizar una herramienta que iría
contra la doctrina natural de los procesos humanos y caeríamos nuevamente en la perversión de
influir la razón. Creo que el único antídoto es el tiempo y el desnudar que esta metodología existe,
debemos estar alertas, promover y conocer de este pensamiento perverso; en nuestro ámbito de
influencia, intentar contrarrestarlo y ser fieles, consecuentes con nuestra formación e ideales. Como
todo comportamiento humano ya vendrán otros tiempos y por cierto, esperemos que las buenas
prácticas que la nueva administración pretende aplicar, contribuya naturalmente a cambiar la forma
de pensar de aquellos que sin saberlo ya están contaminados por tan perversa ideología.
Estimados amigos, conmemoramos la Liberación Nacional del 11 de septiembre de 1973 en el
marco del Bicentenario de la Patria, bicentenario que me motiva a rescatar de nuestra historia,
aquello que en estos 200 años le ha dado carácter y trascendencia a este país y en ese recuento
afortunadamente no caben aquellos hechos que sólo han contribuido a dividir y desestabilizar la
convivencia entre hijos de una misma tierra. La nación, el pueblo se construye sobre una comunidad
con características culturales comunes (étnia, lengua, religión, tradición e historia).
Creo que en esa lista, que pocos compatriotas hoy podrían escribir, están todos las batallas,
combates y acciones de nuestra historia en las que han participado nuestras instituciones, entre ellas
indudablemente, el 11 de Septiembre 1973 y la figura de los cuatro Comandantes en Jefe que con
valentía y decisión permitieron salvar la patria y a su gente del yugo comunista.
Por el Capitán General Dn. Augusto Pinochet Ugarte, el Almirante Dn. José Toribio Merino Castro,
el General del Aire Dn. Gustavo Leigh Guzmán y el General Director de Carabineros Dn César
Mendoza Durán.
Salud caballeros.

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