
El nuevo estilo que llega con monseñor Ricardo Ezzati
La designación de monseñor Ricardo Ezzati a cargo de la arquidiócesis más grande del país fue bien recibida por todos los sectores y especialmente por La Moneda, donde conocieron sus buenos oficios durante el conflicto mapuche, y ya desde septiembre manejaban su nombre como una posible carta, luego que la Santa Sede consultara su opinión respecto de si su nacionalidad era considerada como un problema. El obispo auxiliar de Santiago lo define como una persona libre en relación al poder y que "levantará su voz cuando crea que la dignidad humana está amenazada y no medirá el costo político".
Cecilia Derpich
El Mercurio
Cuando a fines de septiembre la huelga de hambre de 35 presos mapuches ya sobrepasaba los 70 días y las negociaciones estaban casi en punto muerto, monseñor Ricardo Ezzati recordó cuando siendo rector del Colegio Salesiano de Concepción y mucho antes, cuando era alumno del colegio de la misma congregación en Penango, Italia, daba vueltas por los patios y veía cómo se realizaba la clase de educación física. Le llamaba siempre la atención cuando el profesor hacía saltar el caballete y decía "mire, usted tiene que pegar fuerte en el trampolín, porque con eso usted adquiere la fuerza para superar la dificultad".
Con esa imagen en la cabeza enfrentó su rol de "facilitador del diálogo" entre el gobierno y los huelguistas: les recordó a las partes que el "trampolín" para destrabar el conflicto eran la inteligencia, para mirar con objetividad y capacidad técnica, y la voluntad, para poder dialogar y lograr el objetivo de salir de la propia postura.
"No hay encuentro en una convergencia si cada uno se mantiene como los rieles del tren, en paralelo", repetía, pedagógicamente, el actual arzobispo de Concepción y presidente de la Conferencia Episcopal, quien esta semana fue desginado oficialmente por la Santa Sede como Arzobispo de Santiago, lo que lo convertirá el 15 de enero, cuando asuma, en el hombre más fuerte de la Iglesia Católica chilena al ostentar ambos cargos.
Pero sus intervenciones no eran frecuentes, recuerdan quienes participaban en esas largas jornadas. "Una de las claves que permitió el éxito era que monseñor Ezzati escuchaba y dejaba hablar, no importando cuánto durara la intervención. Nunca interrumpía. Y sólo hablaba cuando era necesario marcar un punto de inflexión", dice uno de los negociadores, quien asegura que la clave del éxito estuvo justamente en que de tanto escucharse, las partes aprendieron a conocerse y superar las desconfianzas.
Ese estilo dialogante es una de las características más relevantes de este sacerdote que nació en Vincenza, la ciudad famosa por la joyería en oro en el norte de Italia, pero que se vino a Chile a los 17 años para ingresar al noviciado salesiano en Quilpué.
"Es difícil encasillar a monseñor Ezzati (...) Es un hombre muy afable y con una gran capacidad de escuchar. No tiene prejuicios respecto de las personas y reconoce que cada hombre, independiente de su posición política o ideológica, puede en algún campo hacer un aporte en la búsqueda de lo que más le interesa: la búsqueda de la verdad", dice monseñor Fernando Chomalí, obispo auxiliar de Santiago.
Colaborador en alcanzar soluciones en conflictos con obreros textiles y forestales, pescadores y profesores, desde que llegó a la Región del BíoBío en 2007, siempre aclaró que su rol no era el de mediador, sino que se autodefinió como un "facilitador" del diálogo. "Él ha sido capaz de definir el rol de una autoridad eclesiástica. No entra en la discusiones técnicas ni entrega alternativas de soluciones. Solo se pone al servicio del diálogo y cuando es necesario recalca el rol de lo humano y lo moral", dice un amigo cercano.
Satisfacción en el Gobierno
Su designación como arzobispo de Santiago fue muy bien recibida en La Moneda. El martes a mediodía el Vaticano comunicó la noticia al embajador de Chile en la Santa Sede, Fernando Zegers, y paralelamente el nuncio apostólico Giussepe Pinto informó a la Cancillería.
Esa tarde no hubo llamados, ya que la designación recién sería oficial el miércoles y no se quiso incomodar a monseñor Ezzati.
El primero en felicitarlo fue el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Cristián Larroulet, en una reunión de la mesa del comité permanente de la Conferencia Episcopal que estaba programada para las 08:30 de la mañana, solo minutos después de que se diera conocer la designación.
Larroulet es el ministro más cercano a monseñor Ezzati dentro del gabinete, ya que no solo es el encargado de las relaciones con las entidades religiosas, sino que además participó directamente de las negociaciones por el conflicto mapuche.
Si bien esta colaboración se hizo pública el 24 de septiembre, luego que se conociera una reunión entre los voceros de la huelga mapuche y el ministro Larroulet en la casa de monseñor Ezzati en la calle Cochrane en Concepción, lo cierto es que tuvieron los primeros acercamientos el 27 de agosto, cuando el secretario de Estado visitó Concepción para la conmemoración de los seis meses del terremoto y pidió una reservada audiencia con el arzobispo, tras saber que los presos mapuches habían pedido su intermediación y que se había ganado la confianza de los líderes del movimiento, especialmente de Héctor Llaitul, sindicado como el líder de la Coordinadora Arauco Malleco.
Del episodio mapuche además surgieron buenos vínculos con el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, e incluso con el Presidente Sebastián Piñera, quien en varias oportunidades se comunicó directamente con él mientras se desarrollaban las negociaciones.
Las consultas por su nacionalidad
Piñera lo llamó directamente el miércoles a mediodía para felicitarlo y más tarde se declaró públicamente "contento y esperanzado", calificando al arzobispo electo de Santiago como un "chileno de corazón".
Las palabras del Presidente no fueron escogidas al azar, ya que desde hace varios meses el tema de la nacionalidad de monseñor Ezzati preocupaba al Vaticano.
En septiembre, La Moneda -entre otros actores- fue consultada por la nunciatura apostólica sobre si la nacionalidad era considerada un impedimento, a lo que respondieron que de ninguna manera lo era.
Ese episodio, justo en medio de las negociaciones por el conflicto mapuche, fue casi una confirmación para el Gobierno de que monseñor Ezzati sería el futuro arzobispo de Santiago, aunque desde principios de año lo manejaban como el candidato que tenía mayores posibilidades.
Eso porque corrían versiones de que la iglesia elegiría a un obispo de experiencia para asumir la arquidiócesis más grande del país y entre los prelados más antiguos -los obispos Goic, Caro, Lizama y Duarte- monseñor Ezzati era destacado como un hombre que generaba más consenso.
Lo único que los hacía dudar era la cierta posibilidad de que el papa Benedicto XVI lo llamara a Roma para ocupar un cargo en la curia vaticana. Ya había demostrado su experiencia y conocimiento de las congregaciones religiosas cuando en 1991 trabajó junto a monseñor Francisco Javier Errázuriz en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, de la Santa Sede. También en "misiones complejas," como la que le confió el Pontífice entre 2009 y 2010, cuando se hizo cargo de la visita apostólica a la Congregación de Los Legionarios de Cristo tras el escándalo por abusos sexuales.
Además, es conocida su cercanía con el secretario de Estado Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.
Pese a que para algunos ha situado a monseñor Ricardo Ezzati como un representante de "un ala más progresista" dentro de la Iglesia, en el Gobierno tienen la visión de que es más bien "un pastor abierto a los temas modernos". Y aseguran que su carácter acogedor y su capacidad de manejo político serán esenciales para asumir una Iglesia que enfrenta desafíos.
Además, dicen estar conscientes de que monseñor Ezzati podría sostener sus posturas con fuerza, como cuando en medio del conflicto mapuche señaló que "las familias de los mapuches están esperando una respuesta de parte del Gobierno y esa respuesta hasta ahora no ha llegado".
Sobre la relación que podría tener con el Gobierno, monseñor Fernando Chomalí es claro: "La relación Iglesia y Gobierno es buena y fluida. Son ámbitos distintos de acción. La Iglesia colabora con el Estado para la consecución del bien común. No tiene ningún interés que vaya más allá de aquello. Levantará su voz cuando crea que la dignidad del ser humano está amenazada y no medirá el costo político".
En eso coincide con monseñor Cristián Contreras Villarroel, también obispo auxiliar de Santiago. "Dialogar con todos los sectores, para un cristiano, es parte esencial de su ser; así lo hace cada obispo en su región; también el Comité Permanente, de ayer y hoy, mantiene un diálogo fluido con los ministros secretarios generales de la Presidencia. En ese diálogo hemos procurado siempre exponer la situación de las diversas regiones sin anestesia, sólo con el fin de ayudar a los gobiernos a conocer la realidad de Chile más allá de los oficios redactados por los funcionarios de turno".
Las reservadas reuniones con políticos de Concepción
Monseñor Ricardo Ezzati es reconocido por sus buenas relaciones con todos los sectores políticos.
Un capítulo desconocido son las periódicas reuniones que sostenía con los políticos y católicos "influyentes" de la Región del Biobío, como la intendenta Jacqueline van Rysselberghe; el presidente de la DC regional y ex ministro de Educación, Martín Zilic; el periodista Mauro Mosciatti y el dirigente de la CUT Antonio Deij, entre otros, a quienes convocaba a la Casa Central de la Universidad de Concepción para hablar de temas de contingencia.
La intendenta Jacqueline van Rysselberghe asegura que siempre escuchaba todas las posturas. "Algunos de los participantes eran católicos pero no muy practicantes, que en más de alguna oportunidad planteaban alguna discrepancia, pero él siempre mantenía la calma y nunca descalificaba ni discutía, sino que hacía ver su posición", dice.
Y agrega que una de las cosas que más la impresionaron de monseñor Ezzati fue que a los pocos minutos de ocurrido el terremoto del 27 de febrero el arzobispo partió solo al Parque Ecuador a consolar a la familias afectadas que en la madrugada se congregaban en ese lugar.
El ex ministro de Educación Martín Zilic recuerda: "Él nos exigía que diéramos opiniones, pero también que nos escucháramos. Y es extremadamente consecuente en lo público y en lo privado. Hace un año y medio hablamos del tema del aborto y esta semana sostuvo las mismas posturas".
La "agenda" del arzobispo electo de Santiago
Un eje dentro de las preocupaciones de monseñor Ezzati es la educación católica y su contribución a la sociedad chilena, un elemento considerado como central por la Congregación Salesiana a la que pertenece. Su experiencia en el tema es amplia. Desde director del Colegio Salesiano de Concepción en los años 70, presidente de la comisión de educación de la Conferencia Episcopal en dos periodos, presidente de la Comisión de Educación del Consejo Episcopal Latinoamericano y miembro del Consejo Asesor Presidencial de Educación durante el gobierno de Michelle Bachelet, tuvo fluidas relaciones con los ministros Sergio Bitar y Marigen Hornkohl.
Otra de sus preocupaciones es el sistema penitenciario, un tema que ha sido tratado al interior de la Conferencia Episcopal y que a partir del incendio en la cárcel de San Miguel ha reflotado con más fuerza. El tema fue conversado en la reunión ampliada del miércoles en la que participó el ministro Larroulet, donde se le planteó el interés de retomar las conversaciones por la propuesta de indulto que realizó la Iglesia el 21 de julio, que fue rechazada por el Gobierno. Además, monseñor Ezzati se ha manifestado muy interesado en las reformas penitenciarias que está llevando adelante el ministro Felipe Bulnes.
Dentro de los temas más "internos" de la Iglesia, ha dado gran importancia a la preocupación por los sacerdotes en temas que van desde su formación, las condiciones de vida hasta la preocupación por su salud, así como también la formación de laicos mediante catequesis que fomenta a través del Instituto Pastoral Apóstol Santiago, que preside, y que en escuelas de verano y de invierno convocan a más de 20 mil personas al año.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Arzobispo electo de Santiago
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