Cartas
Martes 21 de Diciembre de 2010
Discusiones y conservadores
Señor Director:
Si uno pasa revista a algunos momentos relevantes de nuestra historia, se comprobará que los sectores conservadores del país se opusieron inicialmente a discutir, y ni qué decir a consentir, instituciones que luego acabaron aceptando: pasó en el siglo XIX con la inscripción civil de nacimientos y defunciones, con los cementerios laicos, con el matrimonio civil, con la planificación familiar de los 60 y el uso de dispositivos intrauterinos en el siglo XX, con los iguales derechos de hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio, con la ley de divorcio, con la publicidad del condón, con la no discriminación por motivos de inclinación sexual, y, últimamente, con los anticonceptivos de emergencia proporcionados por servicios públicos de salud.
Por cierto que se trata de materias distintas y provistas de un peso moral no similar, pero respecto de las cuales los sectores conservadores pusieron invariablemente el grito en el cielo y pronosticaron las peores tinieblas morales para el país, como consecuencia de los pasos que se fueron dando en todas esas direcciones.
Lo que cabe preguntar, entonces, es si ahora, ante un limitado proyecto de despenalización del aborto, no deberían tales sectores aprender de su propio pasado y abrirse a una discusión sobre el asunto, sin hacer sentir al país, una vez más, que si se toman decisiones en tales sentidos vamos a precipitarnos en las profundidades de un nuevo abismo moral.
Agustín Squella
OTRA CARTA SOBRE EL MISMO TEMA
Conservadores
Señor Director:
Don Agustín Squella, en carta de ayer, llama a los que antes se han opuesto a las políticas de anticoncepción de los años 60 -incluidos el uso del DIU, la igualación jurídica de hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio, la ley de divorcio, la promoción del condón y de la píldora del día después, entre otras materias- a no poner el grito en el cielo por el proyecto de despenalización del aborto, pronosticando -una vez más- que el país sufrirá un grave daño social y se precipitará en las profundidades del abismo moral. Lo que no habría sucedido con ninguna de las anteriores medidas mencionadas.
Sugiere que los conservadores aprendan de su pasado y se abran a la discusión. Me parece que nadie se ha cerrado en este y ningún tema a su discusión. Pero lo que merecería discusión por parte de los liberales serían justamente los resultados sociales de las políticas que ellos tan alegremente consideran inocuas, sino beneficiosas.
Para abrir esa discusión, sería interesante que Squella se haga cargo de algunas cifras que muestran de modo descarnado esos resultados: el número de matrimonios ha bajado de 83 mil, en 1996, a 57.400, en 2009; la tasa de nupcialidad (número de matrimonios por mil habitantes) disminuye de 5,8, en 1996, a 3,5 en 2006 (último dato proporcionado por el Compendio Estadístico del INE de 2009); el número de divorcios crece desde 10.119, en 2006, a 63.021, en 2009; primer año en que los divorcios fueron más que los matrimonios (57.836). El porcentaje de hijos nacidos fuera del matrimonio ha llegado a niveles nunca vistos: era de 34,3% en 1990, sube a 53,4% en 2003, a 62,3% en 2007 y a 66,7% en 2009. A su vez, la tasa de fertilidad ha descendido de 2,6 hijos por mujer en edad fértil, en 1990, a 1,9 en 2008, inferior a la mínima para que la población se mantenga.
Hernán Corral
miércoles, 22 de diciembre de 2010
DOS CARTAS
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario