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sábado, 6 de junio de 2009

DE KARL A GROUCHO MARX


Hernán Felipe Errázuriz
Sábado 06 de Junio de 2009

En su agonía, el régimen castrista ha mostrado humor. Fidel y Raúl Castro, fanáticos de las trasnochadas citas de Karl Marx, han recurrido a Groucho Marx. Una de las citas más famosas de Groucho es "Nunca entraría a un club que acepte a un tipo como yo". Siguiendo al cómico norteamericano, Fidel y Raúl se niegan a aceptar la invitación que les han extendido para reingresar a la OEA. Probablemente, también piensan que con su membresía la institución perdería la seriedad que le queda. Y están en lo cierto.


Con dudosa imaginación, los gobiernos americanos han construido una artificiosa y ambigua excepción a la cláusula democrática, para que Raúl Castro pueda participar en la sede de la OEA, en Wash-ington. Solemnemente, el 11 de septiembre de 2001, en Lima, en otra asamblea de la OEA, los cancilleres del continente se habían comprometido a excluir de sus organismos a los gobiernos que no practicaran la democracia ni los derechos humanos. Ahora, ya no se sienten obligados a respetar esos principios, tratándose de los hermanos Castro.

Además, la OEA es milagrosa: puede respetar y cumplir el propósito esencial de su carta fundacional, de "promover y consolidar la democracia representativa", con la participación de los gobernantes cubanos. Es el realismo mágico latinoamericano. Una chacota. Es que la izquierda latinoamericana no puede contenerse de la nostalgia que le provoca el régimen caribeño, y legitima sus prácticas opresivas y la miseria que por medio siglo ha impuesto en la isla.

La OEA ha recibido permanentemente las más variadas críticas por su ineficacia, dispendio y retórica. Fidel Castro ha sido el más duro y grosero para criticarla: en algún momento la calificó como prostíbulo regentado por el imperio de Estados Unidos. Otros han ironizado, calificándola como un mausoleo de la unidad interamericana, a cargo de una burocracia financiada por Estados Unidos, que aporta cerca del 60 por ciento de su presupuesto.

Lo que hasta ahora no había ocurrido es tomar a la OEA como un objeto de diversión -aunque sería divertida si hubiese funcionado en otro continente-. La tragedia es que la OEA es el principal organismo internacional de América, y eso no tiene nada de cómico, incluso considerando su inoperancia.

Al igual que los hermanos Castro, yo también quisiera citar a Groucho Marx, al menos su epitafio -"Perdonen que no me ponga de pie"-, que grabó en su tumba.

La OEA sería divertida si funcionara en otro continente.


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sábado, 28 de febrero de 2009

MIRAN Y ESCUCHAN


Hernán Felipe Errázuriz
Sábado 28 de Febrero de 2009


Aunque todavía no se aclara el incidente, sabemos que un integrante de los servicios de inteligencia argentinos intervenía las comunicaciones del Ministerio de Defensa y de la diplomacia chilena. Seguramente, los argentinos negarán la participación oficial.

Por deleznables que sean estos hechos, hay que dar por descontado que los países -especialmente los vecinos- se espían, y lo seguirán haciendo. Los servicios de inteligencia suelen reclutar a audaces ineptos, y excederse tanto para espiar a vecinos como a sus conciudadanos. Esto último sí que es gravísimo y una práctica extendida en Latinoamérica, incluso en gobiernos democráticos. Por esa razón, anteayer fue destituido el jefe de investigaciones colombiano, y se sabe del uso político de estos servicios en Argentina y Perú. En Chile también ha ocurrido.



Los avances tecnológicos hacen cada vez más imperceptibles los espionajes telefónicos e informáticos. Los particulares tienen derecho a que los gobiernos les garanticen la ya difícil privacidad de sus comunicaciones. Los gobernantes están obligados, además, a proteger los asuntos de Estado de la interferencia extranjera, y asumir que hay materias que no pueden tratarse por la vía telefónica ni por internet. Que las encriptaciones y murallas informáticas protectoras sean infranqueables, es una ingenuidad. Esta semana se reveló que el computador del ministro inglés encargado de la seguridad británica fue intervenido.

Los espionajes extranjeros durante períodos de paz no hay que llevarlos a altos niveles de gobierno. No recuerdo que en la Guerra Fría algún Presidente, canciller o general haya reclamado públicamente por espionajes.

En Chile ocurre todo lo contrario. El canciller subrogante se ha referido al espionaje extranjero. Antes, en el bochornoso ingreso al consulado argentino en Punta Arenas, se llegó a extremos tales como publicitar las reuniones del Presidente con el canciller y los ministros de Defensa y del Interior para tratar el incordio, y se hizo pública la llamada del Presidente Lagos a Kirchner para disculparse y garantizar sanciones. Incluso se dio curso a la renuncia del general a cargo de la Región Austral, que nada tenía que ver con el caso. Con esa debilidad, probablemente Kirchner nos tomó el pulso, y al poco tiempo nos cortó el gas. No volvamos a repetir estos errores: lo que corresponde es redoblar esfuerzos para proteger las comunicaciones de asuntos de Estado de la interferencia extranjera y, especialmente, para garantizar a los particulares la ausencia de intromisiones oficiales en la privacidad.


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