lunes, 30 de agosto de 2010

SZCZARANSKI CUENTA SU VISITA A PUNTA PEUCO




Szczaranski cuenta su visita a Punta Peuco: "Hoy la depresión cubre" el penal

Lunes 30 de Agosto de 2010

Fuente :Tomás Martínez, La Segunda

Abogada afirma que “el cáncer se ha instalado” en el centro de detención y es “autodestructivo”.

Hace 15 días, Clara Szczaranski llegó de visita a la cárcel de Punta Peuco. En su recorrido, la ex presidenta del CDE pudo ver en una pieza una ventana dibujada con la leyenda “vale por una ventana”. El episodio causó impacto en la abogada, quien lo relata como si fuera la escena de una de esas películas largas y tristes que retratan guerras.

Casi acostumbrada a generar polémica por sus tesis como la de la “amnistía impropia” en 2004, esta tarde, Szczaranski volverá a la carga al lanzar otra teoría que sacará más de una roncha, sobre todo en el mundo de los Derechos Humanos, cuando a las 18.30 en el Hotel Crowne Plaza presente su libro “La obediencia forzada en crímenes contra los Derechos Humanos”.

—¿Los presos de Punta Peuco la han contactado para que los ayude a conseguir algún beneficio carcelario?
—No, pero me han contactado para cosas más tristes. Por ejemplo, se han ofrecido para ser interrogados por los alumnos (de la Universidad Mayor). La gente de Punta Peuco quiere decir su verdad, quiere hablar y, por lo tanto, se puede preguntar, conservando la actitud académica. La gente de Punta Peuco a estas alturas no pide nada, te diría que la depresión cubre el lugar, la enfermedad, el hacinamiento. El cáncer se ha instalado y es autodestructivo. La gente dice que es como estar en la playa, pero están hacinados. Vi una ventana dibujada, porque no había ventana en una pieza de dos por tres, y decía vale por una ventana.

—¿De qué manera le impactó ver esa realidad?
—Fue atroz, como dijo el Padre Montes, después de conocer esa realidad me he sentido profundamente descolocada.

—¿Cuál es la tesis central de su libro «La obediencia forzada»?
—Lo que me interesa más es el elemento culpabilidad, que es un juicio personal que hace el juez sobre cada criminal para determinar si el tenía la posibilidad de evitar realizar esa acción, si podía haber hecho otra cosa. Porque parece de sentido común que quien no podía hacer otra cosa no se le reproche.

Eso no tiene que ver con que el hecho sea delictivo y horrendo, tiene que ver con que si a esa persona en esa circunstancia, en ese tiempo yo le podría exigir de otra manera, y me gustaría que esto se entendiera no como referido específicamente a los militares, sino a los que atentan contra los derechos en períodos de crisis de la institucionalidad.

Szczaranski se detiene y profundiza su tesis. “Era muy difícil que un militar en un recinto alejado o cualquier regimiento supiera algo distinto de lo que sus superiores le venían narrando como realidad. El vivía en la realidad que le contaban, no tenía ninguna forma de crearse otra. Y también hay que entender que es un Ejército, con una estructura disciplinada y jerarquizada, donde si cada subalterno exigiera una explicación sobre los hechos no avanzarían ni un metro. Hay que ubicar a la gente en el contexto en que estaban. No significa que muchos subalternos hayan disfrutado las órdenes y que sean tan responsables como sus superiores, por eso hay que distinguir entre el que obedece forzadamente al que obedece gustosamente”.

—¿El país está preparado para entender su tesis?
— No, porque es un tema que todavía está muy caliente, recién ocurrido; la sangre todavía está húmeda.

—¿Por qué cree que su tesis genera tanto revuelo en el mundo de las organizaciones de DD.HH.?
—Hay un decálogo de verdades. Los procesos son para que se conozca la verdad. Por ejemplo, Herrera contó toda la verdad de lo ocurrido. ¿Le han reconocido algún mérito por haberlo dicho y asumir toda la culpa? Pregunta si están dispuestos a darle algún beneficio. Con un grupo de alumnos fuimos a interrogar las motivaciones de Herrera Jiménez y él dijo que al momento de recibir la orden se sintió distinguido por su superior, porque se suponía que era más confiable, y ahora el hombre se da contra los muros en la cabeza, porque el grado de enajenación al que él dice haber llegado bajo el sistema era así de absurdo. El luego colaboró con la justicia, hizo esclarecer el crimen de don Tucapel Jiménez y el del carpintero Alegría, que fue otro delito para encubrir el crimen, y pidió perdón. Cualquier otro preso de Chile tendría derecho de estar afuera, pero él no. Para mí, detrás de eso hay una postura ideologizada y se le quiere mantener como símbolo, y a eso yo me opongo.

«Mando sin honor»: “Todos”

—Se dice que en su libro planteará la tesis de los mandos sin honor. ¿A quiénes se refiere con ese concepto?
—En general al sistema. ¿Por qué no tuvimos las cárceles llenas de los que estaban en la cúpula del mando? ¿Cuántos de esos hay? Los más grandes son ahora coroneles, generales, pero que eran en esa época. En esa época habían generales y Estado Mayor, también había civiles involucrados. Los mandos se escabulleron.

—¿El mando sin honor se refiere a generales?
— A todos los que no asumieron su responsabilidad de mando y a todos y cada uno de los que no asumió su responsabilidad y dijo yo ordené esto, mis subalternos manejaban parcialidades de información, ellos no conocían la totalidad de la envergadura de la orden, eso tiene que decir un mando.

—¿Y en ese rango quiénes caben?
—Todos, tú quieres que te nombre a alguien, no te puedo nombrar a nadie porque no excluyo a ninguno. Toda la comandancia en jefe del Ejército, de la Fuerza Aérea, de la Marina, de Carabineros, los de Investigaciones, todos son los responsables de lo que ocurrió.

Indulto general: “No me parece”

—¿Qué le pareció la postura del gobierno de no haber apoyado la idea de un Indulto Bicentenario?
—Me parece que es razonablemente política, políticamente adecuado, pero no la encuentro jurídicamente correcta y creo en un beneficio como la reclusión nocturna o la visita dominical a la familia para gente de más de 70 años o enfermos con cáncer, porque el cáncer se ha instalado en Punta Peuco y es autodestructivo.

—Gabriel Valdés planteó una amnistía para todos los casos de DD.HH. sin excepciones y sin conocer antes la verdad. ¿Está de acuerdo?
—No me parece eso, yo siempre he estado con la amnistía impropia, que significa que se pueda amnistiar a un delincuente sólo después de procesado y condenado. Yo estoy por saber la verdad a toda costa. Jamás sacrificaría la verdad.


1 comentario:

Raul Ignacio del Rio dijo...

Totalmente de acuerdo con la tesis de la señora Szczaranski, acá los verdaderos responsables no están, los que apoyaron y aplaudieron hoy son destacados Empresarios,y varios distinguidos políticos que se lavan las manos y en contexto, si alguno se hubiese opuesto hoy se hablaría del difunto subteniente o mando menor, fusilado por alta traición a la patria por desobedecer una orden superior. Hay mucho paño que estirar.