martes, 7 de agosto de 2012

Lejos,muy lejos, la Isla Dawson


Amigos

En la brumosa lejanía del mar, en el horizonte, donde a veces emerge la silueta de un carguero, más allá aun, vislumbro los contornos rocosos de la Isla Dawson.
Es como el purgatorio para los católicos, lugar mítico donde los pecadores purgan sus males en el fuego purificador y recuperan su pureza original.
El País de uno no es huachaca como los vecinos, donde los maridos le traspasan la banda presidencial a la señora. Acá, como decía Borgues, ese gran argentino, "recuerdas, tu y yo tuvimos una Patria, alguna vez"
Por esa creencia quizá mítica nos ofende caer en lo diferente, en "la picantería" de los otros.
Cuando el Presidente del Senado, emblema ciudadano, contrata a su esposa como asesora bien pagada, le deseamos el Purgatorio.
Cuando el Vicepresidente del Senado tropieza en la nieve dominical y quiere que el porrazo se lo paguen como "accidente laboral", soñamos con el Purgatorio.
Nosotros somos como esos pijes venidos a menos, pobres pero orgullosos.
Nos ofende cuando los así titulados representantes nuestros matonean a los Carabineros o zamarrean a "una paquita", bien a la segura porque saben que no la van a recibir de vuelta.
O cuando colocan "al servicio de los pobres" a toda la familia y nos hablan de "la abnegada vocación de servicio publico".
Frente a tanto pecador impune, ofensivo, prepotente, la Isla Dawson es como "el Purgatorio perdido".
Y cuando la voz ciudadana los califica en un l4% de aprobación, oteamos la brumosa lejanía del mar, allá, más allá del horizonte, y---si no logramos vislumbrar a la Isla Dawson---al menos, al fin, la entendemos.
Era por eso, no por nada.



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