miércoles, 28 de noviembre de 2012

LA HAYA: EPISODIOS INÉDITOS EN LA RUTA AL JUICIO







El 3 de diciembre comenzarán los alegatos orales de Chile y Perú en el litigio ante la corte. La trama del diferendo comenzó bajo el régimen militar e incluyó mensajes de Alejandro Toledo al cuñado de Lagos por la compra de aviones F-16, una fallida negociación de Alan García y la incómoda advertencia de Rafael Correa a Bachelet.

por Francisco Artaza y Phillip Durán


El lunes, sólo dos horas después de que la Corte Internacional de Justicia diera a conocer el fallo en el litigio limítrofe entre Nicaragua y Colombia, los agentes de Chile ante La Haya Alberto van Klaveren y María Teresa Infante recibieron en Santiago un informe. Desde sus oficinas en París, el estudio jurídico Freshfields, Bruckhaus & Deringer explicó los alcances del dictamen en relación al juicio que enfrenta a Perú y Chile por los límites marítimos.
La lectura del fallo fue seguida con atención por las cancillerías de ambos países, ante la proximidad de los alegatos orales de la demanda marítima, previstos a partir del próximo 3 de diciembre. Incluso, en Cancillería le ordenaron al embajador de Chile ante La Haya, Juan Martabit, que fuera a la Corte a presenciar la audiencia y que al término de ésta, conversara con el abogado de Colombia James Crawford, el mismo que encabeza la defensa de Santiago.
El documento de los abogados extranjeros que asesoran al gobierno, que llegó pasado el mediodía desde París, ratificó que los casos de Colombia y Nicaragua no son comparables al de Chile y Perú. Pero, en forma paralela, destacó argumentos del fallo que no eran del todo favorables para la posición de La Moneda ni para Lima.
Lo importante en el caso de Chile, según el informe, era que la Corte había desestimado acoger actos o prácticas realizadas por Colombia en el espacio marítimo como argumento para reconocer sus límites. Parte de las pruebas aportadas por Chile para demostrar la existencia de tratados de límites marítimos con Perú apuntan al respeto que por más de 50 años se ha hecho del paralelo que marca la frontera.
En su resolución, los jueces de La Haya también resaltaron el principio de la equidad para dar a Nicaragua soberanía sobre más de 75 mil kilómetros cuadrados del Mar Caribe que estaba en manos de Colombia. Este criterio es defendido por Lima ante el tribunal.
Según el informe de la firma Freshfields, que fue remitido por Van Klaveren al canciller Alfredo Moreno, Lima tampoco podía celebrar el fallo. A la hora de fijar los nuevos límites en el mar Caribe, los jueces no habían optado por una línea equidistante, uno de los argumentos principales que ha sustentado la pretensión peruana por redefinir los límites marítimos con Chile.
Esa misma noche, en Lima, en casa del embajador chileno Favio Vio, se juntaron a cenar los dirigentes del comité empresarial chileno peruano, que integran, entre otros, Juan Eduardo Errázuriz, Juan Carlos Yarur, Juan Francisco Raffo y Mario Brescia. Allí se habló de la necesidad de enfrentar unidos las turbulencias que vengan. El diagnóstico de los empresarios fue que a partir de los alegatos se podía abrir una etapa de tensión.
En 1985, durante el primer mandato de Alan García, Lima planteó por primera vez entablar una negociación con Chile sobre los límites marítimos. ¿Qué ocurrió en estos 27 años? ¿Quiénes han sido los principales actores del caso? A continuación algunos de los capítulos inéditos de la historia.
I: Embajador Bákula: del régimen militar a La Haya
En mayo de 1986, poco después de que Alan García asumiera por primera vez la presidencia de Perú, el entonces canciller chileno Jaime del Valle recibió por primera vez un reclamo oficial peruano por el límite marítimo. El mensajero fue el diplomático José Miguel Bákula. El embajador dijo a Del Valle que no existía un tratado, que su ausencia crearía tensión y que era necesario iniciar un diálogo para resolver el problema. Al final de la cita, el canciller le pidió enviar el planteamiento por escrito. Días después, el Ministerio de RR.EE. chileno emitió una declaración, dando cuenta de que se “tomó nota” de la postura limeña. Hoy, varios diplomáticos chilenos son críticos de que Del Valle no rechazara -también por escrito- la pretensión limeña.
La decisión de García se entremezclaba con sus ofrecimientos a Augusto Pinochet para cerrar los temas pendientes del Tratado limítrofe terrestre de 1929. No pocos diplomáticos creen que el entonces mandatario intentaba mantener a raya a los sectores nacionalistas de su país, abriendo una controversia marítima -una antigua tesis de la Armada y Cancillería limeña- mientras buscaba cerrar la terrestre.
El silencio de Del Valle -presentado como aceptación del diferendo- es uno de los argumentos de Perú en La Haya. También un texto de 1964 que aparece en un anuario de la Cancillería chilena. Se trata de un documento del entonces jefe jurídico Raúl Bazán, quien decía que aún no estaba definido el punto de inicio de la frontera marítima.
En 2007, cuando Lima ya había definido su itinerario para ir a La Haya, el canciller José García Belaunde se contactó con Bákula y le ofreció asesorar al equipo peruano. El embajador desechó la oferta, pues quería dedicarse a escribir, pero colaboró con opiniones a través de correos.
II: La negociación por la caseta de vigilancia en la frontera
En octubre de 2000, Chile recibió una nota de protesta peruana desconociendo el límite marítimo, la primera desde la gestión de Bákula en 1986. La nota era respuesta a la cartografía inscrita por La Moneda un mes antes en la ONU, delimitando el mar territorial y mencionando el paralelo como frontera. ¿Por qué se elaboró el mapa en ese momento? Chile buscaba cerrar sus temas limítrofes. El año previo había inscrito en Naciones Unidas las cartas del Tratado de Paz con Argentina y en noviembre de 1999, en un buen clima bilateral, Eduardo Frei y Alberto Fujimori cerraron el último tema pendiente entre Chile y Perú: el acta de ejecución del Tratado de 1929.
El mapa que envió la administración de Ricardo Lagos a la ONU molestó al gobierno provisorio del peruano Valentín Paniagua, que reclamó ante la ONU por la cartografía. La disputa no continuó en público, pero sí en privado. Hasta marzo de 2001, cuando la Armada chilena -al mando de Jorge Arancibia- trasladó al oeste una caseta de vigilancia fronteriza. La decisión provocó marchas desde Tacna y una nota de protesta limeña, en la que planteaba que no se había cumplido el acuerdo de avisar al país vecino de maniobras a 100 metros del límite. Una alta fuente diplomática señala que la Armada movió la caseta de motu proprio en medio del reservado intercambio de notas con Perú, incluso sorprendiendo a Lagos. Y, tal como esgrimió Lima, sin respetar una “cartilla” negociada cinco años antes por los comités de inteligencia de los Estados Mayores de las FF.AA. de ambos países con un protocolo para actuar en los 100 metros adyacentes a la frontera. En medio de la tensión, agregan en RR.EE., Lagos presionó a la Armada para retirar la caseta a 400 metros del límite. El ex presidente también instruyó que la seguridad en la zona quedara a cargo de Carabineros. En paralelo, ambas cancillerías dieron carácter oficial a la “cartilla” desconocida por la marina. Nada de lo negociado, sin embargo, quedó por escrito. Tras el episodio, en Chile quedó una inquietud ¿Lima se preparaba para cuestionar también el límite terrestre? Las señales eran incipientes. En el impasse, dirigentes nacionalistas peruanos señalaron que el territorio ocupado por la caseta era de su país. Y las notas diplomáticas desconocían el paralelo que nace en el Hito 1, inicio de la frontera terrestre. Semanas después, ya resuelto el problema de la caseta, se supo de la existencia de micrófonos en la embajada de Chile en Lima. La filtración del caso se atribuyó -en círculos diplomáticos- a la Armada chilena.
III: Toledo y el recado por los F-16
Alejandro Toledo evitó en la campaña de inicios de 2001 involucrarse en la polémica por la caseta instalada al sur del Hito 1 para no estropear sus lazos con Chile.
El líder de Perú Posible había viajado en noviembre de 2000 a Santiago para reunirse por separado con Patricio Aylwin, las directivas del PS, el PPD y cenar con Lagos. En ninguna de esas citas planteó la delimitación marítima. Su preocupación central era lograr un acuerdo con Chile para congelar el gasto en armamentos, lo que facilitaría sus esfuerzos por supeditar a las FF.AA. peruanas al poder civil.
Toledo le propuso a Lagos postergar la compra de aviones F-16 para la Fach durante la reunión que ambos tuvieron en Lima el 28 de junio de 2001, en medio de los actos de asunción al mando. El ex mandatario peruano repetiría la propuesta en agosto de ese mismo año, esta vez en Chile, cuando vino a Santiago con motivo de la cumbre de Río. También transmitió su preocupación a través de emisarios, entre ellos, Gonzalo Rivas.
El yerno de Lagos y vicepresidente de Corfo a cargo de la negociación del offset por la compra de los F-16 había viajado a Lima por motivos de trabajo en septiembre de 2001, pero en la noche aprovechó de ir a saludar por su cumpleaños a su prima Claudia, esposa de Esteban Silva, dirigente socialista chileno y entonces asesor directo de Toledo. Cercanos al ex mandatario peruano afirman que Silva avisó a Toledo que Rivas estaba en su casa. A los pocos minutos llegó a la residencia de su asesor y le planteó al ejecutivo de Corfo su preocupación por la compra de armamento chileno. Rivas le respondió que él no estaba a cargo de las adquisiciones, sino sólo de la compensación que implicaba la compra. También le dijo que se trataba sólo de renovación de material. A su regreso a Santiago, Rivas habló con Lagos.
El ex mandatario peruano, señalan en su entorno, resintió la falta de apoyo del gobierno chileno. Ese habría sido el punto de partida del enfriamiento en la relación bilateral. Hasta entonces, el pequeño grupo de diplomáticos y funcionarios ligados a la Armada que desde la Cancillería peruana impulsaba el tema de los límites había estado contenido y sin llegada a Palacio Pizarro. Incluso, el primer canciller de Toledo, Diego García-Sayán, no habría sido partidario de la demanda. García Sayán es hijo de Enrique García-Sayán, el canciller que suscribió en 1947 la declaración en que su país mencionaba al paralelo como límite. El 12 de julio de 2002, García-Sayán dejó la cancillería y llegó Wagner, el mismo que en 1986 envió a Bákula a Chile y que hoy es agente en La Haya.
IV: "Quiero tocar un tema de suma importancia para Perú"
En septiembre de 2001 otro factor intervino en el deterioro de la relación chileno-peruana y en el ascenso político de los sectores que apoyaban la demanda marítima contra Chile. En esa fecha, el canciller boliviano Gustavo Fernández, anunció que La Paz decidiría en seis meses cuál sería el puerto de salida para la exportación del gas boliviano: Chile o Perú.
Lagos había iniciado una negociación con La Paz para exportar el gas por Chile a través de la entrega de un enclave, que permitiera además solucionar la histórica reivindicación marítima boliviana. En diciembre de 2001, Toledo designó en La Paz al experimentado embajador Hernán Couturier con la misión de ofrecer a Bolivia la alternativa de un puerto peruano para el negocio del gas y bloquear los acercamientos entre Santiago y La Paz. La embajada peruana en Bolivia llegó a contar con más de 30 funcionarios.
En medio de movilizaciones sociales, el gobierno boliviano congeló las negociaciones por el gas con Chile el 5 de agosto de 2002.
En la Cancillería chilena recuerdan otra jugada de la diplomacia peruana. Ocurrió en noviembre de 2003, cuando viajó a Chile el entonces vicecanciller peruano Manuel Rodríguez Cuadros para asistir a una ronda de consultas políticas. En el segundo piso del ex Congreso, Rodríguez Cuadros -“el torvo”, como le dicen sus detractores en Lima, por sus constantes cambios de postura-, fue recibido por el subsecretario de RR.EE., Cristián Barros. La conversación partió en tono amistoso y se trataron todos los temas que estaban fijados con anterioridad en la agenda. Cuando la reunión finalizaba y Rodríguez se estaba retirando, se volvió hacia Barros y le dijo: “Quiero tocar un tema de suma importancia para el Perú”. El vicecanciller limeño pidió negociar el límite marítimo. Sorprendido, Barros respondió que la petición no era aceptable e insistió en que el tema no quedaría en actas. La conversación comenzó a subir de tono, en la medida que Rodríguez Cuadros insistía en que no estaba definida la delimitación marítima y Barros rechazaba el planteamiento. Apenas terminó la reunión, el subsecretario fue a contarle a la entonces canciller Soledad Alvear lo ocurrido. La conclusión, aseguran fuentes de la Cancillería chilena, fue inequívoca: se venía encima una ofensiva peruana por el límite marítimo con Chile.
V: El difícil aterrizaje de Walker y los abogados de París
Para julio de 2004 la popularidad del Presidente peruano Alejandro Toledo rondaba el 13% de respaldo. En esos días, el canciller Rodríguez Cuadros envió a Chile una dura nota diplomática en que afirmaba que “Perú y Chile no han celebrado, de conformidad con las reglas del derecho internacional, un tratado de delimitación marítima”. Proponía iniciar conversaciones “antes de 60 días”.
La respuesta de Chile de rechazo a la nota diplomática peruana por parte de Soledad Alvear se demoró casi dos meses. En el intertanto, la Cancillería chilena jugó sus propias cartas. Envió a París a la directora de Dirección de Fronteras y Límites (Difrol), María Teresa Infante, a una reunión con el estudio de abogados Freshfield, Bruckhaus & Deringer. Se trataba del primer contacto con el staff que ahora defiende al país ante La Haya. Al viaje se sumó el entonces embajador de Chile en la Unión Europea, Alberto van Klaveren, hoy agente chileno ante la corte.
A esa altura, RR.EE. también había encargado algunos otros informes jurídicos para evaluar los posibles cursos de acción de Perú en una eventual demanda ante La Haya.
Alvear fue reemplazada por Ignacio Walker en septiembre de 2004. Un mes y medio después sostuvo su primera reunión con Rodríguez Cuadros, la que se realizó en el hotel Copacabana Palace de Rio de Janeiro, en medio de una cumbre. El ministro peruano volvió a insistir en su propuesta de renegociar los límites marítimos y en la existencia de una controversia. Diplomáticos chilenos aseguran que el canciller peruano convenció a Walker de elaborar una declaración conjunta sobre lo tratado y que se habría ofrecido para redactarla de inmediato, para que el hoy presidente de la DC pudiera revisarla y hacer observaciones. Sin embargo, pasaron las horas y el diplomático peruano no llegaba con la declaración. A último momento, cuando Walker estaba por abordar el avión de regreso a Santiago, su par peruano le entregó el texto. El canciller lo leyó y se lo pasó a otro funcionario de RR.EE chileno que lo acompañaba para que también lo repasara. Uno de sus párrafos señalaba: “Los cancilleres reafirman que el tema de la delimitación marítima entre ambos países, respecto del cual tenemos posiciones distintas, es de naturaleza jurídica”.
En el gobierno no agradó el párrafo, pues estampaba la existencia de una controversia. Walker niega esa versión.
En diciembre de ese mismo año, Walker viajó a Lima. Días antes de su periplo, Rodríguez Cuadros le hizo llegar una carta informal. El texto consideraba legítimo que Chile estuviera buscando negociar con Bolivia una salida al mar, pero que esta situación no sería posible si antes Chile y Perú no negociaban un arreglo sobre el límite marítimo. La idea era tomar la temperatura para una posible negociación, lo que el senador DC rechazó.
VI: La fallida negociación de Alan García
“Michelle, ten la certeza de que el tema no saldrá de la gaveta del escritorio”. Levantando una mano en uno de los salones de La Moneda, según un testigo, Alan García le dijo a la ex Presidenta Bachelet que no levantaría el tema limítrofe. Fue en la reunión de junio de 2006, cuando viajó como mandatario electo. Meses antes, el entonces embajador chileno en Perú, Cristián Barros, había recibido idéntico mensaje, en dos reservadas citas con García. Barros informó de esto a Santiago, lo que abrió las puertas para que Bachelet recibiera a su nuevo par con honores. El libreto se repitió al mes siguiente cuando la ex Mandataria viajó a Lima a la asunción de García. Ahí, viendo la parada militar, ambos cantaron el himno peruano.
Al llegar al gobierno, el entonces canciller José García Belaunde encontró 11 informes jurídicos encargados antes por Rodríguez Cuadros, con miras a demandar a Chile en La Haya.
Los textos habían permanecido en el cajón desde fines del gobierno anterior, cuando en un consejo de ministros, ante la propuesta de Rodríguez Cuadros de iniciar los trámites en la corte internacional, el ex Presidente Toledo puso el freno, según señala una alta fuente en Lima.
La postura de Alan García, sin embargo, tenía un matiz que a no a todos agradó en Santiago: el nuevo presidente mantendría congelada la demanda, pero aspiraba a negociar bilateralmente los límites marítimos. En algunas reuniones con su par chileno Alejandro Foxley, García Belaunde deslizó la idea de abrir conversaciones sobre el asunto. Incluso, mencionó -muy en general y sin dejar nada por escrito, concuerdan en ambos países- tomar como ejemplo acuerdos para compartir zonas de pesca suscritos por Noruega. La idea era abordar el tema limítrofe “por encima”, sin hablar derechamente de límites. Sin embargo, Foxley, dicen sus cercanos, desechó cualquier aproximación al asunto, recurriendo con frecuencia a la frase de “temas del siglo XXI, todos; del siglo XIX, ninguno”. El canciller chileno se quejaba además que su par limeño abordaba el tema al final de las citas, de manera “sinuosa”, como lo había hecho Rodríguez Cuadros con Cristián Barros e Ignacio Walker. Desde Perú dicen hasta hoy que hubo un malentendido: Alan García siempre pensó en “engavetar” el conflicto, como se lo dijo a Bachelet, pero siempre manteniendo una negociación abierta por los límites marítimos.
VII: El día en que Perú decidió ir a La Haya
“Alejandro no te metas con el (Tratado) de 1929. Es un tema muy sensible para el Perú (...) ¿Quieres que vayamos a hablar con (George) Bush?”. La advertencia fue del ex canciller García Belaunde a Alejandro Foxley en enero de 2007, recordándole que el tratado que fijó la frontera terrestre entre Chile y Perú acordaba dejar en manos del Presidente de EE.UU. cualquier controversia. Y reflejaba la tensión que se vivía luego que el Congreso chileno aprobara la ley que creaba la provincia de Arica Parinacota, que fijaba el límite norte de la provincia en el Hito 1. La ley generó una fuerte reacción en Perú de los grupos nacionalistas, que organizaron una marcha hacia la frontera.
En noviembre de 2006, el gobierno había enviado al Parlamento una indicación para incluir el límite norte de la provincia. El texto había sido elaborado por funcionarios de la Dirección de Fronteras y Límites de la Cancillería para reforzar la postura chilena frente a los cuestionamientos de Perú. Pero no habría sido consultada a las máximas autoridades de RR.EE.
Tras la aprobación de la ley, el canciller peruano llamó a su embajador en Chile, Hugo Otero. “Te vienes de inmediato a Lima, te voy a llamar en consulta”, le dijo para dejar de manifiesto la molestia peruana. También le pidió que realizara gestiones para poder viajar en secreto a Chile.
Al enterarse de que García Belaunde quería viajar a Santiago a hablar con él, Foxley se alarmó. “Que no venga, cuando llegue al aeropuerto todo el mundo se va a enterar”, dijo.
El canciller chileno llamó a García Belaunde para ofrecerle una alternativa. La carta fue un viaje a Lima del ex senador PS Ricardo Núñez, antiguo amigo de Alan García. Se trataba de un emisario personal de Bachelet. El mandatario peruano recibió a Núñez en una casa particular. “¿Por qué me quieren joder de esta forma?”, le dijo García. El senador, quien además era el presidente de la comisión de Gobierno Interior de la Cámara Alta que había aprobado la ley, le explicó cómo había sido todo el proceso y le anunció que Chile se comprometía a resolver el tema a través del Tribunal Constitucional. También le transmitió el mensaje de que, a cambio Perú, desistiera de la idea de demandar a Chile en La Haya.
Núñez regresaría a Chile con la sensación de que el gobierno peruano no aceptó la propuesta. La popularidad del mandatario peruano había disminuido, mientras la presión interna por ir a la Haya crecía.
Poco días después, García llamó a su canciller a Palacio Pizarro: “Puedo controlar una, dos marchas, pero a la larga esto va a ser un problema permanente. Esto nos está jorobando mucho. No podemos estar eternamente con el tema de Chile... Esto no da para más. Vamos a La Haya”, le dijo el entonces mandatario.
A mediados de marzo, García Belaunde viajó a París a entrevistar al abogado francés Alaine Pellet. Perú contrataba así al primer jurista del equipo que llevaría la demanda ante la Corte Internacional.
VIII: La notificación a Bachelet
La tarde del 4 de junio de 2007 en Ciudad de Panamá, Foxley abandonó el centro de eventos donde se realizaba una Asamblea General de la OEA. El canciller fue a un hotel para reunirse con su par peruano. En el diálogo, el diplomático limeño notificó la decisión de su país de demandar ante La Haya. “Demándanos, pues”, le respondió Foxley, quien insistió en que los tratados daban la razón a Chile. Diez días después, en la cumbre de la Comunidad Andina de Naciones en Tarija, Bolivia, Bachelet se reunió con Alan García, quien le ratificó su decisión. “Vamos a ir a La Haya, no sé qué va a salir de todo esto, pero es mejor tener las cosas ahí y no como están ahora”, dijo el mandatario, según fuentes peruanas.
A esas alturas, Lima ya tenía un itinerario definido. En agosto de ese año, Perú publicó su carta náutica, teniendo como referencia la Ley de Líneas de Base aprobada por Toledo en 2005. El nuevo mapa dibujaba la versión peruana del límite con Chile 260 metros al suroeste del Hito 1, insinuando de nuevo la discrepancia por la frontera terrestre. Y, además, demarcaba un triángulo en el mar llamado “área en controversia”. Era territorio reclamado por Lima en zona chilena. El documento generó una fuerte protesta chilena. Hubo otra cuando Lima inscribió el mapa en la ONU.
De ahí en adelante no hubo más que tensión entre Santiago y Lima. La demanda se interpuso en enero de 2008 y Chile congeló la agenda política. En noviembre de ese año se filtró un diálogo privado del jefe del Ejército peruano, Edwin Donayre, quien dice que los chilenos saldrán “en bolsas plásticas” de Perú. El caso abrió una fuerte pelea Bachelet-García. En abril de 2009, en una cita de ambos presidentes en Trinidad y Tobago, el canciller chileno Mariano Fernández -quien acompañaba a la ex Mandataria- encaró a García por el tono duro contra Chile de la memoria entregada por Lima en La Haya. En noviembre de ese año, el ex jefe de Estado calificó de “republiqueta” a Chile por una denuncia de espionaje.
IX: Diálogo con Rafael Correa
En abril de 2009, en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, Bachelet se reunió con su par Rafael Correa. Históricamente, Quito había sido un aliado de Chile. Como tercer firmante de los acuerdos limítrofes de 1952 y 1954 -también suscritos por Perú- siempre refrendó su validez. Sin embargo, en la cita de 2009 el mandatario ecuatoriano la sorprendió. Según fuentes chilenas, Correa le dijo a Bachelet que su país mantenía su postura sobre los tratados limítrofes, pero que debía cautelar sus intereses y que Perú le había ofrecido un “curso de salida” sobre el límite marítimo que encontraba interesante.
Según personeros chilenos, Perú había iniciado un intenso trabajo diplomático en Quito casi desde 1998, después del tratado que puso fin a la Guerra del Cenepa. En paralelo, señalan en Santiago, la embajada chilena se fue descuidando. Incluso, en 2002 se eliminó la figura del agregado naval. Sólo volvió a reforzarse en 2009, cuando asumió el ex tercer hombre de RR.EE., Juan Pablo Lira, y se aumentó la dotación de diplomáticos.
Desde ese momento comenzó un fuerte lobby chileno sobre Correa. El objetivo era que Ecuador respaldara ante la Corte de La Haya la postura chilena. Perú también hizo una fuerte presión en contrario. El mandatario quiteño optó por lo suyo: en 2010 elaboró una carta náutica con un gesto a Chile, señalando que dicho mapa se basaba en los acuerdos del 52 y 54.
De esta manera, Correa emplazó a García a reconocer el mapa. O, de lo contrario, iría a La Haya. Lima reaccionó negociando un entendimiento con Quito: fijó por primera vez las coordenadas de la frontera marítima entre ambos países. García presentó el acuerdo como el primer tratado limítrofe. Chile retrucó su afirmación. Ajeno a la polémica, el Presidente Correa consiguió su propio objetivo y luego anunció que no iría a la corte.
X: Bachelet y triunfo de Piñera
“Que la agenda del pasado, que nos divide, y la agenda del futuro, que nos une, corran por carriles separados”. La frase fue pronunciada en marzo de 2008 por el entonces candidato Sebastián Piñera, tras una cita en Lima con Alan García. Desde Santiago, el gobierno de Bachelet vio con molestia la reunión, realizada dos meses después de que Lima interpusiera su demanda en La Haya. Piñera asumió el diseño las “cuerdas separadas”, que apunta a mantener la relación política en un cauce normal, encapsulando el litigio limítrofe. Bachelet desechó esa propuesta, incluso congelando mecanismos de diálogo con Lima, como el emblemático 2+2, citas de ministros de RR.EE. y Defensa.
Tras vencer a Eduardo Frei en 2010, Piñera señaló: “Quiero que la agenda de futuro con Perú salga del refrigerador”.
En la Alianza sostienen que el diseño del gobierno entrante tomó en cuenta el asegurar un buen clima para las crecientes inversiones en ambos países. En la administración Piñera van más allá: afirman que distender la relación bilateral ayudará a controlar tensiones en los momentos más críticos del litigio, como los alegatos de la próxima semana, cuando el tono de las acusaciones suba y se muestren pruebas para debilitar la postura contraria.
Piñera mantuvo al agente en La Haya designado en la era Bachelet, el embajador Van Klaveren, y durante su último encuentro con los presidentes de todos los partidos políticos dejó en claro que su diseño en cuanto a la defensa había sido el de la continuidad respecto de su antecesora. El objetivo de la cita era alinearlos para no politizar el litigio, cuyo fallo saldrá en 2013, en la campaña presidencial.