miércoles, 12 de diciembre de 2012

ASI PIENSAN LOS PERUANOS, A PROPÓSITO DE LA HAYA





A propósito de La Haya, nos parece interesante tener en cuenta estos artículos que permanentemente son publicados en Perú.



Así piensan algunos influyentes “hermanos” peruanos.


TRAICIÓN A LA PATRIA DE LA CLASE GOBERNANTE PERUANA

¡Dos siglos de agresiones chilenas al Perú!
Por: General EP (r) Gustavo Bobbio Rosas
Miércoles, 05 de setiembre de 2012

En 1836, Chile declara la guerra a la Confederación Perú-Boliviana porque considera que es una “amenaza” para sus planes de hegemonía en el Pacífico.
La ambición de Chile y el afán de poder de algunos políticos peruanos, destruyeron el gran sueño de hermandad entre peruanos y bolivianos.

“Hay vivos que se aprovechan porque hay tontos para explotar”. Esta sería la frase que podría tipificar las relaciones peruano-chilenas desde el inicio de nuestra vida republicana. Claro que los que permitieron que el Perú haya sido un permanente perdedor en los conflictos económicos, jurídicos, políticos, militares y hasta deportivos con Chile, es decir, nuestra clase política, no tienen nada de tontos y, como veremos a lo largo de este informe, no sólo pecaron por omisión sino que incluso colaboraron activamente con el enemigo ¿por convicción pro chilena o por dinero?

Se habla mucho del “glorioso” proceso de nuestra independencia y de la colaboración -¿desinteresada?- de nuestros vecinos, haciendo que el estudiantado peruano o la ciudadanía en general tenga una idea equivocada de todo este tema, pensando que, por lo menos en algún momento, existió la “solidaridad” continental. Bueno pues, nada más lejos de la realidad.
En la etapa colonial existió rivalidad entre los distintos virreinatos y una envidia generalizada de nuestros vecinos hacia el Perú, debido a la posición privilegiada que ocupábamos por ser el virreinato más importante y centro de toda la dominación española en Sudamérica. Es más, de forma irracional, todo adelanto, libro o bien, llegaba antes al Perú y de aquí era reexpedido a Buenos Aires, Santiago, Bogotá y Caracas, pese a que en su viaje desde Europa primero encontraban los puertos de La Plata, Valparaíso o por el otro lado, llegaban hasta el istmo de Panamá para venir por tierra hasta el Pacífico.

Todo ello explica, en parte, la falta de entusiasmo de la clase política peruana por la “independencia” (ya que con el estado de cosas reinantes disfrutaban de una serie de privilegios sobre las demás “aristocracias” de Sudamérica), que de hecho no fue obra de nuestros vecinos, sino logro de nuestros montoneros peruanos.

Concluida la guerra, cada uno de los amigos (la Gran Colombia, Argentina, Chile y los EE.UU. de Norteamérica) vino a cobrar por su participación, real o ficticia, en la “gloriosa y desinteresada gesta”. En el caso concreto de Chile, su comisionado Antonio José de Irrisarri contrata un empréstito de 1.500.000 de pesos para equipar y armar a su ejército, deuda que nos es transferida el 26 de agosto de 1923, por lo que, con los intereses, quedamos debiendo más de tres millones de pesos. ¿Por qué, si no existía una obligación previa, se aceptó esta deuda? ¿Fiscalizó alguien lo que realmente se había gastado?

Si reparamos en que no existía aún el canal de Panamá (ni siquiera existía Panamá como país) nos damos cuenta que las naves procedentes de Europa encontraban a Valparaíso como primer puerto importante en el Pacífico, recalando luego en el Callao. En época tan temprana como 1832, la rivalidad entre ambos motiva un conflicto y el gobernador de Valparaíso, Diego Portales, propuso “irse sobre el Perú con un ejército”.

“CHILE NECESITABA UNA ESCUADRA PODEROSA”
Sin embargo, la sangre no llega al río y se firma un tratado, tratado que era un disparate, ya que por ejemplo, contemplaba medidas recíprocas de protección acordada a las marinas mercantes de ambos países y el acuerdo de no gravar con mayores impuestos a las mercaderías procedentes de los puertos de ambos tratantes, olvidando dos cosas:

SÓLO CHILE TENÍA MARINA MERCANTE y LOS PRODUCTOS VENÍAN DE EUROPA A TRAVÉS DE CHILE Y NO AL REVÉS, por lo que en la práctica el único que obtenía ventajas era Chile.
Cuando Santa Cruz quiso arreglar las cosas declarando puertos libres a Arica, Cobija, Callao y Paita, y poniendo derechos adicionales a todos aquellos efectos y frutos que hubiesen tocado en otros puertos del Pacífico antes de llegar a puertos peruanos, “El Araucano”, vocero oficial del gobierno chileno, en 1836, expresó su indignación y difundió la doctrina de que Chile “necesitaba una escuadra poderosa con la finalidad de defender su COMERCIO EXTERIOR”.

Ese mismo año, el presidente peruano Orbegoso pone a la venta, de acuerdo a una política de “economías”, dos buques de la escuadra, el bergantín Orbegoso y la fragata Monteagudo: en una maniobra oscura -normal en nuestros políticos de ayer, hoy y siempre- ambos barcos terminan siendo alquilados a un ex presidente de Chile, Ramón Freire, y finalmente son embargados por el gobierno chileno sin que el Perú reciba un solo centavo.
Pero, no sólo eso, en otra operación contraria a todas las leyes internacionales y a las mínimas normas de convivencia pacífica entre dos Estados, el 21 de agosto de 1836, dos buques de la escuadra chilena entran pacíficamente al puerto del Callao y en la noche envían marinos a capturar tres buques peruanos: el Arequipeño, la Peruviana y la Santa Cruz.
Todos estos hechos no eran sucesos aislados sino parte de la política chilena de erigirse en la potencia del Pacífico y obtenían esos triunfos en base a seguir objetivos nacionales y a nuestra carencia de lo mismo y -más grave aún-, carencia de todo tipo de dirección política.

ENVIDIA DE CHILE DESTRUYO CONFEDERACION PERU-BOLIVIANA
El 10 de octubre de 1836, el ministro chileno Diego Portales solicita autorización al Congreso para declarar la guerra al Perú, y el 28 de ese mismo mes, se oficializa la existencia de la Confederación Peruano-Boliviana, que ya venía funcionando de hecho.
Inmediatamente, Chile envía una Escuadra, compuesta de nuestros mismos barcos que había capturado de manera artera y estando en paz ambos Estados, es decir, el Orbegoso, la Monteagudo, el Arequipeño, la Peruviana y un par de unidades más.

Leamos lo que le escribe Portales a Blanco Encalada, el jefe de la expedición chilena que atacaba el Perú: “Va usted, en realidad, a conseguir con el triunfo de sus armas la segunda independencia de Chile, la posición de Chile frente a la Confederación Peruano-Boliviana es insostenible. No puede ser tolerada ni por el pueblo ni por el gobierno, porque ello equivaldría a su suicidio. No podemos mirar sin inquietud y la mayor alarma la existencia de dos pueblos confederados que, a la larga por la comunidad de origen, lengua, hábitos, religión, ideas, costumbres, formarán, como es natural, un solo núcleo”.
“Unidos estos dos Estados aún cuando no sea más que momentáneamente, serán siempre más que Chile en todo orden de cuestiones y circunstancias. En el supuesto que prevaleciera la Confederación en su actual organización y ella fuese dirigida por un hombre menos capaz que Santa Cruz, la existencia de Chile se vería comprometida”.

En tanto Chile analizaba geopolíticamente su futuro y adoptaba las acciones que asegurasen su supremacía en esta parte del continente, los peruanos estaban divididos en una serie de facciones. Así estaban la de Gamarra y La Fuente, que negociaban con los chilenos; otra aristocrática y cortesana, del coronel Manuel Ignacio de Vivanco y Felipe Pardo, que buscaron invadir la Confederación con los ecuatorianos.
¿No sientes asco, amigo lector, y no te da la impresión que lo mismo está pasando en estos momentos con jueces peruanos que pretendieron darle la razón (contra las leyes y la lógica) a Luchetti o nuestro ex vicepresidente que entregó los cielos a Chile?

De esa lejana época datan también los lobbies chilenos contra el Perú; obtienen que Argentina también declare la guerra a la Confederación, aunque gracias a la natural indolencia de ese país, dicha declaración quedó en pura lírica y unas cuantas escaramuzas en que fueron derrotados. También intrigó Chile a Ecuador contra el Perú y cuando creía tener de aliado a ese país a través del general Juan José Flores, la Convención Nacional nombra presidente a Vicente Rocafuerte, quien se mantuvo ajeno al problema.
El 15 de setiembre de 1837 parte de Chile la expedición contra el Perú que el 12 de octubre ocupa Arequipa. Santa Cruz maniobra y ocupa las alturas de Paucarpata, acorralándolo pero, en vez de destrozar al ejército chileno, firma con ellos el tratado de paz de Paucarpata y le permite que se retire con sus armas y bagajes completos e intactos. Al volver Blanco Encalada a Chile recibe manifestaciones hostiles, y tres días después el gobierno chileno repudia el Tratado de Paucarpata y el 19 de julio de 1838, la segunda expedición chilena, acompañada por emigrados peruanos, zarpa de Coquimbo en 26 transportes.

Luego de una campaña con altibajos para ambas partes, la decisión se da en la Batalla de Yungay en que, bajo el mando supremo del chileno Bulnes, combaten los peruanos Torrico, Eléspuru, Vidal y Castilla (sí, Ramón Castilla, luego presidente del Perú). Según una versión bastante creíble (publicada en El Comercio del 28 de setiembre de 1863) Bulnes, sintiéndose derrotado, ordenó la retirada y ¿quién salva al ejército chileno de derrota final? Ramón Castilla, quien lanza otra de sus famosas frases: “no hemos venido a correr”.

EL FIN DE UN SUEÑO
El 20 de enero de 1839, a las cuatro de la tarde, un hermoso sueño de hermandad y grandeza había muerto, asesinado por las envidias y apetencias de Chile y el afán de poder de un grupo de peruanos. Por un convenio firmado por Gamarra, el Perú pagó todos los gastos de la expedición chilena, incluyendo el flete de los transportes de la ida y vuelta, los sueldos, haberes, vestuarios y recursos de todo género.

Andrés de Santa Cruz tuvo el sueño de una Gran Nación Quechua-Aymara y logró plasmarlo en la Confederación Peruano-Boliviana. Las ambiciones de poder y figuración de muchos políticos peruanos -que llegaron a combatir al mando de chilenos contra sus compatriotas- llegó a destruir esa unión.





Analista en defensa, Alain Zegarra, señala los riesgos y amenazas del armamentismo Mapocho.

“CHILE SIEMPRE HA SIDO UN PAÍS EXPANSIONISTA”
“El peligro mayor reside en la capacidad tecnológica y el poder de fuego de las armas chilenas” afirma.
ESPIONAJE: En la isla de San Félix, funciona una estación secreta de inteligencia electrónica chilena que vigila a Perú y Bolivia.

En entrevista con EL PODER, el analista en temas de defensa e inteligencia, Alain Zegarra Sun, politólogo -y ex jefe de la Oficina de Doctrina e Investigaciones del Ministerio de Defensa-, y actual codirector de la revista Inteligenci@, señala el peligro que representa el poder bélico chileno y las últimas señales que ha dado el gobierno Mapocho que configuran un carácter “agresivo, expansionista y militarista”.

Chile ha comprado armamento ofensivo y para muchos analistas es preocupante este hecho cuando se acerca el fallo de la Corte de La Haya, ¿cuál es su apreciación?



Tradicionalmente Chile se ha caracterizado por tener una posición abiertamente ofensiva, expansionista y armamentista y eso ha sido algo muy recurrente a través de su historia. Recordemos las dos campañas “restauradoras” chilenas para destruir la Confederación Perú-Boliviana, lo que implicó la Guerra del Pacifico y todas las manifestaciones que Chile mostró luego para desconocer el Tratado de Ancón de 1883 y para no cumplir cabalmente el Tratado de 1929.

Entonces, sobran argumentos para colegir que existe una actitud abiertamente ofensiva por parte del Estado chileno y más aun en este contexto del diferendo fronterizo que debe resolver la Corte de La Haya. Precisamente este fallo se va a dar un contexto electoral en Chile, va a ser tomado como un tema de campaña y hay que estar muy alertas al respecto.

Con respecto al armamentismo chileno, ¿cual es el mayor peligro para el Perú?
El mayor peligro consiste en que a todas luces hay una abierta asimetría con Chile, tanto desde el punto de vista tecnológico como del poder de fuego.

En la revista Military Review, de marzo - abril del 2001, el brigadier chileno Jaime García Covarrubias sostiene en el artículo titulado “La disuasión convencional”, que su Ejército se debe caracterizar por presentar unidades blindadas y una infantería mecanizada, con un despliegue que le permita desplazarse por territorio enemigo “con una capacidad abiertamente ofensiva”. Esto, con el respaldo de aviones con capacidad para abatir “objetivos a gran distancia” y buques con “gran capacidad de ataque y destrucción”.
Entonces, si analizamos las compras chilenas, éstas van más allá de una simple disuasión para situarse en una actitud netamente ofensiva. Esto lo vemos en la adquisición de sus cazas F-16. Sus 10 cazas F-16 Block 50, comprados a Estados Unidos, se encuentran en Iquique, en la base “Los Cóndores”, sede de la I Brigada Aérea, y a su vez los otros 36 F-16 MLU, adquiridos a Holanda, se ubican en la base de Cerro Moreno, en Antofagasta, sede de la V Brigada Aérea. Si sumamos estos dos grupos tenemos 46 cazas, y el Perú sólo cuenta con 12 Mirage 2000 ubicados en la base de La Joya, aviones adquiridos en la década de los 80.

¿Y la Armada peruana cómo se encuentra?
Nuestras 8 fragatas misileras Lupo no están necesariamente equipadas con el armamento suficiente para enfrentar una confrontación con las 8 fragatas misileras chilenas (4 de fabricación inglesa y otras 4, de manufactura holandesa), porque 4 de nuestras fragatas no cuentan con misiles Otomat, pues llegaron desarmadas.
En tanto, de las fragatas chilenas adquiridas en Inglaterra, solamente el buque insignia de tipo 22 “Almirante Williams”, cuenta con misiles Harpoon antibuque y misiles SAM Barak, que no lo tiene ningún buque ni fragata misilera de la armada peruana.
Chile tiene entonces completa superioridad en aire, mar y tierra.
Sí, y a eso hay que sumarle el concepto que simplifica esta doctrina de guerra relámpago, la “Blitzkrieg” que ellos planean ejecutar, que se sustenta en los principios doctrinarios de “rápido, fuerte y lejos”. Estas son las tres palabras clave que definen a la actual doctrina ofensiva de las Fuerzas Armadas chilenas, que a su vez se complementa con los 350 tanques Leopard, dividida en tres brigadas acorazadas (una en Arica: “Coraceros”, otra en Iquique: “Cazadores” y la tercera: “La Concepción”, entre Tarapacá y Antofagasta).

¿Chile está en capacidad de un ataque aéreo frontal sobre el Perú?
Mire, el 12 de enero de 1998 la Fuerza Aérea chilena montó la famosa operación Manu Tara I que consistió en un vuelo a la Isla de Pascua por parte de una bandada de 3 aviones F-5 Tigre III que salieron desde la V Brigada Aérea en Cerro Moreno (Antofagasta), comandados por el propio Comandante en Jefe de la FACH, en aquel año, General del Aire Fernando Rojas Vender, para simular un bombardeo. Cubrieron un espacio de 4.000 kilómetros para lo cual se reabastecieron en el aire, utilizando un Boeing KC-707 “Águila”.
Con ello nos mandaron un claro mensaje en el sentido que ellos estaban en capacidad de poder cubrir cualquier punto estratégico del territorio peruano y llegar a zonas vitales, como hidroeléctricas, refinerías, depósitos de petróleo, represas y centros mineros; hoy ellos lo pueden hacer con ayuda de su satélite FASat-Charlie, puesto en órbita en diciembre de 2011.

“CHILE PUEDE BUSCAR UN PRETEXTO PARA LA GUERRA”
¿Puede Chile buscar algún pretexto con el fin de ocasionar un conflicto con Perú para no acatar el fallo de La Haya, como sostienen algunos analistas?
No me cabe ninguna duda, situaciones de guerra se han generado hasta por razones aparentemente inverosímiles. Una hipótesis de conflicto la podemos encontrar en la sistemática campaña de Chile en contra del Perú, recordemos el video de Lan para dañar la imagen del país, la presencia de turistas chilenos que en más de una oportunidad han sido detectados tomando fotografías a instalaciones militares, como a la Base Aérea de Talara o al Cuartel Gregorio Albarracín de Tacna.

Veamos el suceso del 25 de agosto del 2011 cuando un helicóptero de una empresa chilena que tenía como destino Nazca se desvía y comenzó a sobrevolar la Base Aérea de La Joya, en Arequipa. Llamaba la atención que uno de los tripulantes, Hernán Alberto Jequier Schalchli, el piloto, era un mayor retirado de la Fuerza Aérea de Chile (FACH). Otro detalle curioso y no fortuito fue aquel relacionado con la intervención al ciudadano chileno Luis Maximiliano Seraín Gutiérrez, detenido el 30 de enero del presente año en Talara (Piura); portando una cámara digital, en las inmediaciones de la Base Aérea “El Pato”, con una serie de papeles que supuestamente tendrían un croquis y planos de dicho recinto militar, quien reconoció haber integrado la Infantería de Marina de su país.
A esto se suma, en el 2009, la captura del suboficial peruano Víctor Ariza en labores de espionaje para la inteligencia chilena.

Estos temas no son casuales, ¿forman parte de una política planificada?
Todos los que estamos inmersos en el análisis de las políticas internacionales sabemos que en este tema no hay casualidades, que en el terreno geopolítico se mueven fichas de estrategias, de juegos de guerra, en función de la política exterior de cada país.
Edgardo Mercado Jarrín señalaba que una política exterior que no cuenta con el respaldo de Fuerzas Armadas disuasivas podía compararse con “el accionar de un director de orquesta sin instrumentos”. Y si Chile asume estas conductas es porque cuenta con el respaldo de unas FF.AA. disuasivas, con capacidad de enfrentar no solamente al Perú, sino a Argentina y a Bolivia juntos.

Finalmente, y para complementar esta entrevista citaré un caso poco conocido, relacionado con la controversia de delimitación marítima entre el Perú y Chile. En la inhóspita isla volcánica de San Félix, dentro del área en disputa, funciona una estación secreta de inteligencia electrónica (ELINT), a cargo de la Armada chilena, cuya finalidad es supervisar las actividades del Perú y de Bolivia, como lo afirma el experto en inteligencia Nigel West, en la página 124 de su libro: The Secret War for the Falklands (1997).




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