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miércoles, 12 de mayo de 2010

PIÑERA Y LA UDI, ¿ SE ENTENDERÁN?


Gonzalo Rojas
Miércoles 12 de Mayo de 2010

Es seguro que el Presidente Piñera tiene un diseño político para RN. Por cierto, eso es legítimo y conveniente: es su partido, es su gente (aunque él ya no milite), y el Presidente es, ciertamente, su principal líder.

Pero es muy probable que tenga además —delicadamente reservado, por ahora— un proyecto referido a la UDI. También tiene Piñera todo el derecho a pensar en el futuro de su segundo partido de gobierno, para plantearle tareas y desafíos (y quizás también alguna enmienda) en su actuación.

Pero la tarea con la UDI es mucho más complicada para el Presidente, porque ¿sabe el partido más grande de Chile exactamente qué desea de sí mismo en su relación con el Gobierno?

No, no lo sabe. Si ya desde los primeros nombramientos y hasta la discusión sobre el plan de reconstrucción se habían dado señales de visiones diferentes en su seno, el retorno de Longueira en la última semana ha marcado aún más la diversidad de planteamientos en la UDI respecto de La Moneda. Legítimos, vitales, más certeros unos que otros, pero ciertamente distintos entre sí.

O sea, quien primero tiene que aclararse respecto de lo que quiere es la propia UDI.

Ante todo, no costaría mucho declarar oficialmente que -por definición- el programa de gobierno es sólo en parte el texto que la colectividad de Coloma quisiera haber redactado; que hay uno que otro enfoque, uno que otro énfasis, que no satisfacen y, por cierto, que algunas proposiciones demócrata independientes no quedaron dentro del
programa. Obvio: había que transar en cosas accidentales, pero eso no significa que se renuncie a ellas durante cuatro años. Esa sola declaración facilitaría mucho (con tres meses de retraso, eso sí) la formulación tanto de las críticas como de los apoyos al Gobierno.

Pero también respecto de los nombramientos puede ser la UDI mucho más clara. Debiera dejarse sólidamente establecido que cuando fracase uno (o varios) de los jóvenes profesionales incorporados al Gobierno desde las filas guzmanianas, nadie en el partido hará causa común con el fallido, justamente porque la excelencia ética y profesional es un imperativo para los de Guzmán. Pero que eso significará, al mismo tiempo, defender con la máxima fortaleza a todo funcionario prescindible por acomodos de circunstancia, por futuros intereses electorales del partido socio… por ejemplo. Quizás sea duro advertirlo, pero eso es más leal que, sin aviso previo, proferir berrinches a futuro (que los habrá).

Una tercera cuestión es todavía más delicada e imprescindible: la elección interna en la UDI, programada para fines de agosto.

Nada de raro sería que el Presidente Piñera tuviera ya su candidato, es decir, que prefiriera una mano amiga y suave, dialogante y componedora. Pero es a la propia UDI a la que le corresponde aclararle al Gobierno (porque si no, más adelante, en palacio se quejarán de una amenaza nunca anunciada) que es muy probable que en sus elecciones internas haya candidatos con miradas mucho más exigentes o duras, mucho más proclives a golpear la mesa, aunque sólo sea de cuando en vez.

O, dicho sin rodeos, que a Juan Antonio Coloma bien podrían reemplazarlo José Antonio Kast, Pablo Longueira o Jovino Novoa, con sus matices entre ellos, pero ciertamente diferentes en su eventual relación con La Moneda.

Quizás algunos en la UDI prefieran dejar en la nebulosa los tres puntos anteriores y no dar señales claras al Presidente sobre el tipo de partido con el que debe relacionarse. Quizás prefieran esa indefinición que facilite un pragmatismo caso a caso.

Pero una ambigüedad así desgastaría lógicamente la imagen y la realidad de la propia UDI, tanto en el Gobierno como en la opinión pública.


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sábado, 1 de mayo de 2010

ODIO CALLEJERO



Fue este lunes recién pasado. Eran las
18.40 cuando en la esquina de Pedro de Valdivia
con Eleodoro Yáñez, sí, justo al costado del
Caleuche, se oyó un lejano "Rojas".
Una mirada hacia atrás y nadie conocido.
A los pocos pasos, esta vez más clara, una nueva
llamada, algo así como "Rojasista".
Un individuo, de unos 50 años, bien
educado, bien alimentado y bien vestido,
acompañado de una mujer algo menor, avanza
caminando mientras grita de forma ya evidente:
"Rojas, fascista". Al llegar al cara a cara,
pregunta: "¿Tú eres Rojas, el de El Mercurio"?
Sí, yo escribo los miércoles; encantado: ¿con
quién tengo el gusto de hablar? La mano queda
estirada, porque el sujeto, quien da su nombre de
inmediato, acota que él no saluda a los fascistas
criminales.
Y de ahí en adelante no para. Durante 3 ó
4 minutos -incluso ya subido a un bus del
Transantiago- gatilla sus adjetivos (sustantiva,
más bien). "Criminal, manipulador, mentiroso,
fascista". Animado a conversar, por ejemplo,
sobre el fascismo como movimiento, se niega a
todo diálogo. Su afirmación es lapidaria: "Tú
eres un fascista criminal; apoyaste a Pinochet,
perteneces al sector más duro de la UDI, escribes
para el diario de ese otro miserable y cómplice
de crímenes que esS". Cuando se le consulta por
un posible diálogo a través del blog de Emol,
arde de indignación: "Escribo todas las semanas,
pero me censuran".
Y vuelve a la carga: "Manipulador,
mentiroso, criminal; han pasado más de 35 años,
pero ya se te va a acabar la teta, ya llegará tu
hora."
Se ensaya una última posibilidad: No, no
soy un fascista; eso es tan falso como que usted
sea un primateS Pero, qué ingenuidad; la
pretensión de que reaccione racionalmente está
totalmente descartada. "Rojas, fascista
criminal", es lo último que grita desde su bus ya
en marcha.
¿Mapucista? ¿Socialista? ¿Comunista?
¿Mirista? Eso importa poco: en él estaba
condensado todo el odio del siglo XX. Ahí estaban
Marx y Engels, Lenin y Trotsky, Stalin y Beria,
Brehznev y Andropov, Kadar y Ulbricht, Hoenecker
y Ceacescu, Ho Chi Minh y Pol Pot, Guevara y
Castro; por las ráfagas de sus palabras se
asomaron Katyn y Kolyma, la Lubianka y Nazino, La
Habana y Managua, Saigón y Phnom Penh.
Ese odio, esa irracionalidad y esa
agresividad caminan también por Providencia y por
Maipú; votan además en el Parlamento y se enseñan
en algunas Universidades. Sí, eso que comenzó a
difundirse desde el poder en 1970, eso, todavía
existe en Chilito.

Gonzalo Rojas Sánchez


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