lunes, 10 de junio de 2013

EL COMANDANTE FACH ROBERTO FUENTES MORRISON, ASESINADO POR TERRORISTAS DEL PC.




Hienas comunistas que obedecían las órdenes del encargado
militar del PC, Guillermo Teillier, el mismo que hoy posa de
parlamentario, asesinaron la mañana del 9 de Junio de 1989,
hace 24 años, al comandante de escuadrilla de la Fuerza Aérea
y ex miembro del Comando Conjunto, Roberto Fuentes
Morrison,
En los canales de televisión del pasado fin de semana nada se
difundió sobre el asesinato de este chileno. Tampoco lo
hicieron los medios escritos y radiales. Si lo hubieran hecho,
estoy seguro, hablarían en su contra, tergiversando nuestra
historia.
Los cerebros han sido lavados y esto también nos afecta. La
Fuerza Aérea ni siquiera lo recordó. Su mando regular lo olvidó
o ignoró. Si estoy equivocado y hubo una ceremonia en su
recuerdo, favor indicar, para destacarlo con mucho agrado.
Tampoco se acordaron de él y le hicieron algún acto
recordatorio los bomberos de Chile, Institución de servicios a
la cual perteneció por años.
Roberto fue voluntario de la séptima compañía de Santiago, de
calle Av. Matta y Lira. Perteneció a ella hasta su asesinato. Fue
teniente de bomberos y por años el oficial a cargo de la guardia
nocturna de la séptima.
Tampoco lo recordaron sus compañeros de curso, el
establecimiento educacional que lo formó. Nos referimos al
Colegio Hispano Americano, de calle Carmen, en Santiago.
No lo recordó tampoco el Cuerpo de Socorro Andino, al cual
aportó tanto y por años, las brigadas de sky y el cuerpo aéreo
de rescate, SAR, instituciones en las cuales entregó todo su
talento.
Roberto Fuentes es mostrado ante el país como un violador de
derechos humanos por haber perseguido, con firmeza, a los
terroristas, pero él vivió preocupado de ayudar a los demás.
Era un hombre generoso, que se volcó en instituciones de
servicio.
Le conocí mejor que la mayoría de los chilenos, pues el azar
hizo que viviéramos en el mismo barrio, en la misma calle y en
la misma cuadra. Nuestras casas se ubicaban a 100 metros y
en su casa pasé muchas horas de mi infancia, jugando.
Tres eran los hermanos Fuentes Morrison. Los tres hombres,
los tres de tez blanca, rubios, de ojos claros, con una pecas
enormes que denotaban sus raíces sajonas.
Su madre era inglesa y su padre, un músico, integrante de la
orquesta sinfónica. La mamá de Roberto, el hermano del
medio, tenía la sana costumbre de estar a las 8 de la mañana
barriendo el frontis de su casa. Era ese un ejercicio habitual y
reiterado de todas las señoras de antaño. Yo la vi por años,
cuando iba rumbo al Liceo.
Los tres hermanos eran muy apuestos, atléticos, musculosos.
Los tres medían sobre el metro 90 y pesaban sobre los cien
kilos. En el Hispano Americano, los tres dieron los mejores
premios a sus respectivos cursos, y al Colegio en las
competencias múltiples.
Roberto era un atleta. Le vi varias veces en las competencias
deportivas bomberiles en el Parque O”Higgins donde la
séptima siempre ganadora, gracias a Roberto.
Virilmente hermosos, los tres hermanos eran muy cotizados
por las mujeres y muy queridos por los vecinos, pues eran
gente muy servicial.
Roberto ingresó joven, a la bomba, y posteriormente fue
reclutando más jóvenes para los bomberos. Mi hermano menor
fue uno de ellos y lo tuvo de jefe en la guardia nocturna.
Egresado de enseñanza media ingresó a trabajar a la
embotelladora andina. El capitán de la séptima, tenía un cargo
importante en esa distribuidora de bebidas y colocó a varios
bomberos. Roberto fue uno de ellos. Por años le vi
conduciendo uno de esos camiones inmensos de reparto.
Llegó 1970, triunfó Allende y Roberto jamás mostró preferencia
política. Su familia, como la mía, era apolítica, independiente,
partidaria del orden, de la democracia, pero no militante.
Diría que conozco por azar su ingreso a la política.
El gobierno de Allende designó al general marxista Alberto
Bachelet como secretario ejecutivo de la Secretaría Nacional de
Distribución, un organismo inspirado en Cuba, comunista,
encargado de distribuir las tarjetas de racionamiento, y los
alimentos que escaseaban.
La falta de alimentos en Chile se fue haciendo más aguda a
medida que pasaban las semanas del gobierno de Allende.
Aparecieron las colas. Después las había para todo. Las
personas veían una cola y se ponían a la fila. Luego
preguntaban qué vendían. Por la escasez de todo, había una
psicosis de comprar cualquier cosa.
Además, Allende echar a andar a destajo la máquina de billetes
del Banco Central. Los billetes sobraban. La inflación era
galopante. La anarquía espantosa, nadie quería obedecer. La
indisciplina laboral quebró el aparato productivo, comenzaron
las tomas, las ocupaciones de industrias, fábricas, predios,
cualquier cosa.
En la esquina de nuestro barrio había un negocio llamado “El
sin rival’’. Por la escasez de todo, sus dueños se entregaron,
para tener que vender. El pequeño local comenzó a ser
controlado por agitadores comunistas, quienes exigían las
tarjetas JAP.
Mi madre, como la madre de Roberto, se negaron a sacar esa
tarjeta. Muchos del barrio también se negaron a ser
encuestados para determinar, en la tarjeta, cuándo se podía
comprar y comer en el mes.
Una noche informaron que El Sin Rival, vendería al día
siguiente pollos. Uno por familia. Las dos mujeres, las dos
gringas y amigas, se concertaron y llegaron a la cola a las 5 de
la mañana para recibir un pollo.
El negocio al cual aludo sigue vigente, donde mismo, con el
mismo nombre y los mismos dueños, más viejos por cierto.
Está en la esquina de las calle Cuevas y Santa Elvira, en el
sector Avenida Matta y Portugal.
Luego de horas de hacer fila, llegaron al mesón, pero el
encargado de la Jap, les negó el pollo por carecer de tarjetas.
En vano fueron los reclamos. Un carabinero joven estaba ahí
para evitar incidentes, pero no hizo nada.
Las dos partieron a sus casas, sollozando.
Cinco minutos después sonó el timbre de la puerta de mi casa.
Abrí. Era Roberto Fuentes. Me preguntó por mi hermano mayor,
quien no estaba. Roberto tenía como 10 años más que yo.
Advertí que en entre sus ropas, cerca del ombligo, traía un
arma.
Venía alterado y enojado, sin perder tiempo, me repitió lo
ocurrido a nuestras madres. Muy serio me dijo: Acompáñame a
buscar el pollo que nos corresponde. El comunista no se va a
burlar de mi madre. Me lo entrega o lo mato ahí mismo.
Decidí acompañarlo y fui a buscar un arma que hace poco
había comprado en el mercado negro. Todo el mundo se
armaba para lo que venía. Lo mío era un revólver pasper,
argentino, calibre 22 corto. Parecía de juguete ante la pistola,
preciosa y grande, que portaba Roberto.
Yo le seguía, con mi revólver en la mano, pero no hablé una
palabra. El adelante, se abrió paso entre la muchedumbre,
ingresó al negocio, ubicó al tipo que manejaba el negocio, al
lado estaba el dueño del Sin Rival, su mujer y el carabinero.
Roberto le colocó la pistola en la frente, al medio, y le señaló:
Nuestras madres hicieron la cola por horas, llegaron aquí y no
les vendiste, porque no aceptamos la tarjeta. Venimos a
comprar los dos pollos que nos pertenecen. Los quiero
enseguida o te mato.
Yo a su lado temblaba. El comunista sacó los dos pollos,
indicó el valor y los entregó. Roberto pagó los dos, y nos
retiramos. Todo debe haber durado dos minutos.
En la puerta de mi casa, me dijo. Después le das a mi madre el
dinero del pollo. Pero lo que no podemos aceptar es esta
dictadura comunista. El asunto es claro, o ellos o nosotros, o
los matamos o nos dejamos matar. Yo no me voy a entregar de
rodillas. Dicho esto, se retiró.
Días después reunió a los jóvenes del barrio para que
entráramos a un movimiento nacionalista de derecha. Yo no
entré. Me fue a ver meses después para ofrecerme armas.
Me dijo que las traían de Argentina, de Mendoza, que estaba
encargado de armar a los de nuestro lado para el
enfrentamiento que venía. Compramos un par de revólveres.
El y sus hermanos tenían armas de calibre mayor. Supe que
por su labor en el SAR, en el Cuerpo de Socorro Andino,
Roberto tenía amigos en la Fuerza Aérea. Después del 11, supe
que estaba colaborando con los aviadores.
Pero él nunca ingresó a la Escuela de Aviación. No fue aviador
por vocación. En la crisis que vivió Chile, él demostró sus
talentos y lo incorporaron en la FACH, sin ser de ella.
Dejó el barrio, los bomberos y comencé a ver a Roberto en el
Edificio Portales, siempre de civil, pero siempre detrás o al lado
de un ministro o de un general de la FACH.
Deduje que era guarda espalda. Pasaron años sin verlo, y
comenzó a aparecer en la prensa. Aparecía como uno de los
integrantes del “Comando Conjunto’’ más hábiles y eficientes
para detener y neutralizar marxistas.
Un 9 de junio, de varios años después, habían pasado Allende
y estábamos al final del gobierno del general Pinochet cuando
Roberto salió de su casa, un departamento de la comuna de
Ñuñoa, muy temprano para él al trabajo, cuando varios obreros
municipales, que no eran tales, sino terroristas comunistas, lo
asesinaron. Su cuerpo quedó tendido con más de 20
proyectiles.

2 comentarios:

SERVICIOS INTEGRALES dijo...

tuve la oportunidad de conocer y trabajar con él, Don Roberto Fuentes fue un gran hombre de principios claros.Luchador,persona noble ,grata.
gracias a su persona tuve la oportunidad de crecer con principios claros,lamentablemente ya no esta entre nosotros.nos dejaste muy buenos recuerdos nos volveremos a encontrar descansa en paz y tranquilidad.
Quienes te conocimos siempre te llevaremos en nuestros corazones,gracias por haber dado tu vida por nuestro País.

juan manuel ponce cornejo dijo...

Tuve la oportunidad de conocer a Fuentes Morrinson en varias oportunidades en la casa de mis abuelos, yo tenia entre 7 y 8 años. La visitaba asiduamente junto a un comando de militares, siempre en búsqueda de mi madre, quién gracias a dios nunca estuvo presente para encontrarlo, ella había pasado a la clandestinidad un par de años antes. La verdad que como cuenta la historia era despiadado con sus enemigos, pero además no discriminaba, en el afán de lograr su cometido. También aterrorizaba a familiares de sus perseguidos fueran estos hombres, mujeres o niños. Yo forme parte de este último grupo, sufrí la crudeza de sus amenazas, presencie simulacros de fusilamiento de mi tío y abuelo en dos oportunidades, pero el nunca supo que era el hijo de Inés Cornejo a quién buscaba, así que paso por alto tan importante detalle y yo pude seguir viviendo en casa de mis abuelos junto a mis mi tíos. Lo recuerdo con mucho dolor, era un ser que había sido tragado por sus ideales que lo justificaban todo. Espero que nunca más resurjan nuevos Fuentes Morrinson, y que cualquiera que lo tenga por héroe pueda informarse a cabalidad sobre tan infame personaje. Solo me queda la alegría que al menos mi madre nunca fué detenida por esta persona. Pase por esta pagina por curiosidad y perdonen si les molesta lo que les cuento, pero después de lo que viví, siento la obligación de dejarles mi testimonio, creo que Uds. también merecen saber esa parte de la verdad que me toco vivir. Atte. Juan Ponce.